The Gradient of Venezuelan Freedom.
For more than a century, humanity has embraced the concept of cause and effect to measure many human activities. Love, friendship, learning, and freedom, among other things, have always been evaluated using this yes or no criterion.
In the case of democracy and freedom, we make the mistake of thinking that they function like a door: either open or closed. But if we look at the history of civilizations and democracy itself, we realize that freedom is more like a gradient, a color scale that constantly fluctuates between full autonomy and absolute control.
This philosophical conception of the gradient of freedom has taught me that rights are not acquired overnight by an explosion, but are conquered inch by inch. Democracy is the only system designed for us, and not an algorithm or a digital expression; it is we who move the marker toward the side of light.
Every time the powerful state or those who control it decide for you, the gradient of freedom darkens. Every time you raise your voice against injustice or demand transparency, the spectrum expands. Democracy is not a state of calm; it is a creative back-and-forth where we struggle to keep the light of hope as bright as possible.
Democracy is the right to have rights. We cannot allow the gradient to tilt toward pure silence due to indifference. Autocrats are everywhere.
The future is written in nuances, and each of us can write it from our own space. The gradient of freedom tells us how we want the society of the future to be.
Translated with DeepL.com (free version)
En Español
El Gradiente de la Libertad Venezolana.
Durante más de un siglo la humanidad ha abrazado el concepto de causa y efecto para medir muchas de las actividades humanas. Desde el amor, la amistad, el aprendizaje, y la libertad entre otras cosas han sido siempre evaluados con ese criterio del sí o no.
En el caso de la democracia y de la libertad cometemos el error de pensar que funcionan como una puerta o está abierta o está cerrada. Pero si observamos la historia de las civilizaciones y de la misma democracia, nos daremos cuenta que la libertad se parece más a un gradiente, a una escala de colores que fluctúa constantemente entre la autonomía plena y el control absoluto.
Esta concepción filosófica del gradiente de la Libertad me ha enseñado que los derechos no se adquieren de un día para otro por una explosión, si no que se conquista centímetros a centímetros. La democracia es el único sistema diseñado para que seamos nosotros, y no un algoritmo o una expresión digital, somos nosotros los que movemos el marcador hacia el lado de la luz.
Cada vez que el estado poderoso o los que lo controlan deciden por ti el gradiente de la libertad se oscurece. Cada vez que levanta la voz contra una injusticia o exige transparencia el espectro se expande. La democracia no es un estado de calma es un vaivén creativo donde luchamos por mantener la luz de la esperanza lo más intensa posible.
La democracia es el derecho a tener derecho. No podemos permitir que el gradiente se incline hacia el silencio puro por la indiferencia. Autócratas hay en todas partes.
El futuro se escribe entre los matices y cada uno de nosotros lo podemos escribir desde nuestro espacio. El gradiente de la libertad nos va diciendo como queremos que sea la sociedad del futuro.
La imagen fue diseñada con Canva