Es muy común observar, hoy más que nunca, aquellos quienes de una manera u otra han dejado todo al azar, en dónde más haya de encontrar una manera de saber elegir o dar un tiempo para pensar, se terminan lanzando por un tobogán que puede resultar en algunos casos dolorosos, aunque en otros más virtuosos; lo cierto es que, durante el pasar de los días nuestra vida se llena de decisiones las cuales debemos afrontar de la manera más acertada y precisa.
Estas decisiones van desde qué sabor de helado elegir, en una tarde calurosa, hasta con quién quieres pasar el resto de tu vida; unas más relevantes que otras, pero en el fondo son decisiones que nos hacen estar felices, molestos y en muchos casos tristes, decisiones que nos motivan, nos enseñan y ayudan a crecer. Son en estos momentos donde nos ponemos a prueba nosotros mismos, puesto que una decisión debe ser rápida y eficaz.
Una decisión se debe pensar y razonar pero podemos lamentablemente caer en un error, y es que yo les aseguro que si llegamos a pensarlo todo, y de dedicar grandes horas de tiempo en cada momento que se nos presente esta eventualidad de elegir una cosa u otra, de alguna manera se nos va la vida, sí, se nos va sin darnos cuenta, se nos va en solo pensar de qué forma actuar, hablar, mirar, entre otros; es allí donde quiero expresarles, llega el momento de arriesgarse, de lanzarse la gran apuesta de la vida, es así una gran apuesta que nos invita a arriesgarlo todo sin temor a un qué pasará o qué dirán.
Primeramente, deseo destacar que con esto no quiero decir que las decisiones de nuestra vida debemos tomarlas a la ligera, o sin importancia, pero si que no esta mal arriesgarse un poco, lanzarse por el tobogán con los ojos cerrados, pues la vida es corta para ser monótona y estar midiendo cada paso. Los mejores momentos de mi vida los he realizado así, arriesgándome.
Así que hoy te invito a que si tienes un viaje planeado hazlo sin miedo, si crees en el amor enamórate sin miedo, si quieres comer algo diferente pruébalo sin miedo y así sucesivamente, pues si algo nos demostró este tiempo que estamos viviendo, es que después de todo la vida vale mucho, tenerla es un tesoro y compartirla es grandioso.
Te invito a vivir el hoy, haciendo una gran apuesta por lo que desees, por ello concluyo diciendo: ¿Y tú a qué le apostarías?