Un dulce susurro pronuncia tu nombre
con melancólico deseo
y agridulce sabor,
como si tu voz fuera un sueño,
un triste pasado olvidado
o en proceso de olvidar.
Pues con los labios no nos besamos
pero nos dimos todo al mirarnos.
Tus ojos me llenaron
y mi corazón te recibió,
mis ojos te guardaron
y mi alma te esperó.
Y te esperará hasta el fin de los días
cuando el sol se apagué,
cuando tus alas vuelvan a tu espalda,
cuando mi sueño se haga realidad.
Solo ahí podré decir, te olvidé
porque no recordaré ni mi existir
Como si también yo fuera un sueño
producto de tu belleza,
dependiente de tu figura,
de tu dulzura,
de tu mirada.