No temo a una muerte prematura,
porque en el olvido de las miserias
he vivido y crecido.
Alargando mis uñas y mis pensamientos
escabullidos, que hoy retornan
a los largos encierros mentales.
En el vacío no hay mucho a que temer,
y tampoco de mucho sobre que reírse.
Sin embargo, si asomas tus ojos
sobre la pequeña mirilla de la puerta,
podrías verme carcajeando mientras
miro el techo no más que pálido.
Allí esta mi amigo, un ratón elocuente
y quizás muy sonriente,
con una taza profunda y gris,
pero llena de hongos coloridos. Carcajeo
porque respondo a él, no porque
lo deseo. Porque, aun en cuatro paredes
se puede mantener la reciprocidad
de dos seres, hecho incomprensible.
A veces no esta en el techo,
suele revolotear por las paredes
justo luego de mi inyección.
No veo como puede ser tan saltarín,
si yo apenas puedo mecerme
como péndulo fijo y a poco de partir.
Pero, allí no da problemas.
Mis problemas se enfrentan,
cuando visita al saco oscuro
debajo de mi cama, allí están
cosas que quiero olvidar.
Y en definitiva, los llantos
que no deseo escuchar.
El saco es mutable, hoy lunes toma forma
y con alargados brazos me arrastra.
No pudo con mi entusiasmo,
pero ha salpicado entre saliva y gritos
una orden,esta de un humor pesado.
Envía al ratón con una cuerda y este la ata
con un nudo corredizo a mi cuello.
Me paralizo...