Después del cine caminé hasta la plaza, era una noche fría y la ruta estaba tranquila, creo que eran las 10 de la noche y tu estabas llegando al mismo tiempo que yo al punto de encuentro, sonreí de manera nerviosa sin saber que nos preparaban las horas.
Caminé junto a ti por las calles de valdivia húmeda con un rocío de lluvia leve y una platica casual hasta la puerta de tu casa, abriste y sentí un hormigueo... sin duda no estaba preparado para esto, entramos al recibidor de tu casa y podía sentir la vida en cada esquina de aquel lugar, las paredes me hablaban y hasta los himanes y dibujos de tu nevera me contaban historias de quien eras, tenía anteriormente una imagen misteriosa de ti, me causabas cierta desconfianza pero el deseo era más grande, sentado en el mueble de la sala con mis manos en las piernas y mis ojos detallando cada uno de tus gestos... pude entender que tu rostro podía ser serio pero que me regalabas ciertas sonrisas momentáneas qué me demostraban qué no tenía que preocuparme, Roma también puso de su parte y me dio una gran bienvenida pasando su cola por mis piernas, preparaste la cena y nos sentamos a conversar, habían comentarios graciosos y otros que insinuaban o directamente delataban tus intenciones de invitarme a tu cuarto a desnudarnos, no di mucha batalla para negarme y subimos las escaleras, me encanto el olor, la sensación de tranquilidad y el ambiente que se fue creando por la atmósfera en la que tu y yo nos envolvimos, hablamos mil y un cosas y apagaste la luz, encendiste las bombillas de colores y con un babasonicos de fondo dimos rienda suelta a los besos prometidos, el cuarto estaba tibio por el calentador qué encendiste y aun así entre mis nervios mi cuerpo estaba frío, quizás temblaba mucho pero tus piernas me abrigaron, me tomé mi tiempo para quitarte el pantalón y paso lo que ansiabamos, fue maravilloso y aun así lo que más disfrute fueron los momentos que decoraron el antes y el después de hacerte el amor, las diezmil caricias de esa noche, las copas de vino y mi perfume mezclado con el tuyo por la madrugada, sudados, abrigados piel con piel y sin señal de celulares, no había tecnología que cubriera nuestro interés, sencillamente un momento que se volvió sempiterno, tu mirada y la mía como un melao'. Me desperté aquella mañana, me vesti y me fui, no porque no quisiera seguir ahí, si no porque había cumplido nuestro pacto e involucrarme más allá de aquella noche perfecta... habría sido el paso para enamorarme de aquella mujer que me dijo que la única regla era no hacerlo.
Pdt: antes de irme me emperfume y llene tu bufanda de perfume también. En una jugada tramposa de que te quedaras con mi recuerdo en la mente.