Saludos, hoy quiero compartirles la historia de una mujer que no solo admiro, sino que también amo con cada célula de mi cuerpo, ella contribuyó mucho en mi crianza y hoy les contaré un poco de ella.
Nace el 01 de junio de 1953, en un pueblito llamado “El Barzal”, el cual forma parte de Cubiro, Estado Lara, un lugar muy pintoresco y agradable, donde todo es natural. En ese mismo pueblito ella es bautizada con el nombre: María Wencia Rodríguez Freites.
Nació en un hogar muy humilde, pero con buenos principios, sus padres estaban casados y se encargarían de su crianza, Wencia era la #07 de 12 hermanos y entre las anécdotas de su niñez cuenta que una de sus grandes emociones fue cuando entro a la escuela por primera vez, me comento que era muy feliz e importante ya que perteneció a la primera escuela de su pueblito.
Ella se describe como una “niña tremenda”, ya que, era curiosa, divertida, le gustaba brincar la cuerda, correr, comer frutas, jugar futbol, bailar y montar a caballo, aunque creo que le gustaban muchas cosas más.
Cuando termino la primaria se sintió muy triste por no poder seguir estudiando, no había liceo (conocido como secundaria) en donde vivía, y desde allí empezó a cambiar su vida. Trabajo en el campo sembrando con su padre y hermanos, para ayudar con la economía del hogar. Su padre sufre un accidente al caer de un caballo, este se vio grave, por esto a Wencia le toca partir a la capital del Estado Lara “Barquisimeto” para apoyar a su familia.
Estando Barquisimeto la ciudad, esta joven trabaja en una casa de familia, aseándola. Siempre buscando la forma de continuar con sus estudios, en ese camino tuvo la oportunidad de hacer un curso de auxiliar de enfermería, luego de este ocurrió una epidemia de dengue, en donde fue voluntaria y ayudo como enfermera, en esta situación había ausencia de médicos y mi Wencia tuvo trabajo duro, contrajo dengue hemorrágico, se vio grave, pero esta enfermedad no la venció, como a muchos.
Luego de superar esta etapa, se mudó al centro del país específicamente al estado Aragua, al llegar se enamoró y contrajo matrimonio. Comenzó su vida en pareja con el hombre que le robo el corazón. Tuvo cinco hijos los cuales fueron una gran responsabilidad, se dedicó a ellos con la ayuda de Dios, que la lleno de sabiduría y fortaleza, ya que su esposo la abandono y se alejó de ella y los niños por completo.
Ella trabajaba mientras sus hermanas menores cuidaban de sus hijos. Sufrió, creció, fue feliz, tiempos de experiencias, alegrías y tristezas, pero siempre con mucha fe en Dios, ¡como dice ella! Salió adelante con sus hijos, disfrutando con emoción cada logro, graduación, cumpleaños, todo fue en torno a su familia.
Luego de 15 años criando a sus hijos encontró nuevamente el amor, fue una gran alegría para todos, y por fin logro empezar a estudiar y sacar su bachillerato, e incluso a sus 64 años logro conseguir su “Técnico Superior Universitario en Tecnología de Producción Agroalimentaria”, realizo muchos cursos, y realizo muchos viajes.
Ella me cuenta que los mejores momentos en su vida fueron, los nacimientos de sus hijos, el nacimiento de sus nietos, sus viajes por Venezuela y dice que sus metas aun no tienen límites, quiere conocer el continente europeo.
Esta mujer es mi abuela a quien amo profundamente, la lección que me ha enseñado a mí y a toda la familia es que con esfuerzo, principios y amor se te abren las puertas para lograr lo que deseas y la felicidad se encuentra en cada mañana de tu vida, tú decides que continúe todo el día.