Un día, durante mi niñez, me encontraba tirado en el sofá en casa de mis padres, la sala era amplia y en ella solo estaban los tradicionales tres sofás (dos pequeños y uno grande) y una biblioteca repleta de libros que papá compraba en las ferias y que nunca los leía. En ese momento, yo estaba muy a gusto con Saint-Exupery y aquel maravilloso principito de cabellos de oro perdido en el desierto de Sahara. La emoción de aquella lectura creo el sueño en donde declaraba que en algún día durante mi adultez, conseguiría escribir.
El tiempo transcurría y gran parte de aquel banquete de letras contenidos en aquella biblioteca de la casa, ya estaba casi devorado. Es cuando ya en mi adolescencia y con una computadora en mi cuarto, descubro cantidades de temas y diversos géneros literarios; historias de la antigüedad, mitos, leyendas, filosofía, dogmas, teorías de conspiraciones, cuentos, verdades y la ficción. Mucho fue lo que encontré en aquella, mi primera computadora, pero como todo ser humano me inclinaba más hacia un lado de la literatura pues para mí era muy emocionante la ficción y la fantasía.
Y como todo seguidor me encantaba y sigue encantándome la lectura de Borges, sobre todo aquel cuento extraño de título Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, un cuento magnifico que avivó aquel mismo sueño del niño en el sofá.
Decidi, por fín a la edad de 23 años (2015), escribir ficción.
Revisando páginas y redes sociales, descubrí una convocatoria para una antología en una revista de Perú. Plesiosaurio, la primera revista de ficción breve peruana, estaba convocando a escritores de cualquier parte del mundo de habla hispana, para participar en la publicación número 8 y una de las secciones llamadas el Bolo Alimenticio estaba destinada para soñadores.
Ya visto los términos y condiciones para participar, me tomé unos momentos para pensar si debia o no enviar algo, es cuando abrí una hoja de Word y comencé a escribir mis dos primeros cuentos breves en el género de la ficción.
El inútil
Los honorables caballeros hablaban mezquinos a sus oídos, las manos ocultaban sus modulaciones mientras la audiencia esperaba eufórica en el balcón clavando sus miradas de desprecios sobre mis hombros. Hubiera sido preferible llamar a descanso, a torturar sus almas en la forma como discutían mi final. Una foto de mi amo, en uno de sus peores días, colgaba del bastidor improvisado, evidencia propuesta por los acusantes, quienes en círculo se alegraban de su victoria. Ya no podía hacer nada, la fatalidad se avecinaba sin más que sentarme a esperar. Defenderme, ya era tarde, al parecer alguien había desconectado el sistema de sonido y mis manos no lograban hacer señas pues el electroimán las neutralizaba eficientemente. Todos guardaron silencio cuando los honorables caballeros miraron al frente en señal de decisión. Los acusantes calentaban sus piernas para celebrar. -Culpable-. El fuerte golpeteo del mallete reclamando orden averió mis circuitos, ya todo había terminado. Ahora me encuentro en el asteroide BAS74, lugar en dónde están todos los que no cumplen con las necesidades humanas.
Plesiosaurio, Año IX, Nº 8, Vol. 2 pag. 81.
La nueva era
La población descendió drásticamente, las radiaciones colaterales producto de las bombas novatomicas detonadas en el Atlántico y en el norte Índico, llevó a la mutación de toda la cadena biológica. Los animales comenzaron a evolucionar más rápido que la humanidad, adquiriendo una inteligencia superior y cambios morfológicos que le permitieron enfrentarse a la hegemonía del hombre despojándolo de sus territorios. Estos, liderados por las aves, se agruparon en manadas de distintas razas que abarcaban todos los continentes a excepción de los polos, a donde de manera secreta han logrado amontonarse lo que resta de la desahuciada humanidad. Millones de años de estudios científicos no habían permitido al hombre descubrir el sentido de la vida, mas sin embargo, este tiempo logró convencerlo de la existencia del riesgo y el peligro de la extinción. Se perdió la comunicación con los humanos marcianos y extrasolares y estos no poseen aun los recursos necesarios para realizar una misión de rescate. Todo está perdido. La cuarta generación de esta era de terror, está ya por acabar, diariamente los líderes visitan nuestras pequeñas aldeas en busca de alguna mujer embarazada ya que en los laboratorios se han llenado de experimentos con inútiles conclusiones. La esperanza parece estar perdida, pero hace 40 días y 40 noches que no ha parado de llover.
Plesiosaurio, Año IX, Nº 8, Vol. 2 pag. 82.
En marzo de 2016 fueron publicados ambos cuentos breves, en la sección del Bolo Alimenticio de la revista Plesiosaurio número 8 en su volumen 1. Para mí fue una emoción y un secreto que guarde hasta el año siguiente cuando le conté a mis padres y hermanos, tres años después a quien hoy es mi compañera de vida.
Por supuesto, seguí escribiendo pero no he publicado desde entonces, decir el ¿por qué? sería llenar de escusas este breve post, pero he aquí esta nueva oportunidad a través de Hive, para continuar cumpliendo aquel sueño del niño que un día estuvo leyendo en el sofá de casa de sus padres.
Este soy yo:
Leopoldo José Rosales Flores (Barcelona – Anzoátegui - Venezuela, 1992).
T.S.U en Higiene y Seguridad Industrial.
Poseo un enorme interés en contribuir en el género fantástico, caminando constante al lugar donde se encuentran los grandes y no tan grandes creadores del universo ficticio.
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