Amada hija,sé lo mucho que duele esta separación obligada a la que nos sometieron
por la arbitrariedad cruel del destino, quien te arrancó de mis brazos al nacer,
desde ese tormentoso instante no hubo un segundo de paz en mi vida,
toda mi existencia se tradujo en llanto, dolor y en una incertidumbre sostenida, preguntándome dónde estarías.
Me convertí en una devota rezandera, las veinticuatro horas eran, las cincuenta cuentas de un rosario,
en las que me apoyaba como un único consuelo esperanzador, que me ayudaría a tener noticias tuyas.
No sé si por milagro, o por insistencia, pero recibí la buena nueva que tanto mi corazón anhelaba, te encontré hija de mi corazón.
Dieciocho años después te tendré nuevamente en mis brazos.
Tanto sufrimiento me hizo perder las ganas de vivir, lo que ha hecho mella en mi salud, el dolor somatizó en mis células haciéndolas perder vitalidad.
Me encuentro ahora atrapada en la red de una enfermedad mortal, que poco a poco se roba mi aliento, lo único que me hace recobrar un poco de fuerzas, es la ilusión de verte de nuevo ¡hija mía¡
Por lo que ruego te des prisa en volver desde ese lejano continente, donde te llevaron el día luego de tu nacimiento,
En complicidad con los doctores que me asistieron el parto, ellos te vendieron a una pareja de Austriacos que no podían tener hijos.
Hoy supe de ti gracias al mundo mediático de las redes sociales, que nos concedió la gracia de contactarnos, después de la última vez que nuestras miradas se cruzaron fugazmente luego de tu alumbramiento
Mis fuerzas desfallecen hija, estoy abandonada a los brazos de la muerte, levito en la densidad flemática del cansancio, no me queda tiempo, mi ciclo vital se cierra vertiginosamente...
He solicitado un préstamo a la vida, pidiendo que detenga mi quebranto, una limosna de misericordia por solo pocas horas después de nuestro encuentro, que al menos nos dé tiempo de honrar al pasado
Y poder mirar a través del espejo retrovisor las memorias de los años no vividos, ya después, podré retirarme resignada, al umbral del sepulcro, pidiéndote perdón de antemano, por el llanto que no pude consolarte, y por el tiempo que no te pude dedicar.
Irónicamente me viste al nacer,
ahora me tocará verte, al momento de mi muerte
Muchísimas gracias por venir estimados amigos