Senectud
Y un día me convertí
en un malhumorado anciano;
uno olvidado, a su suerte, en un asilo.
Uno que se pudre entre cuatro paredes
sin colores, sin sueños, sin esperanzas.
Uno que, mientras su lucidez se disgrega,
se siente como un metal
corroído por el paso del tiempo.
Uno que espera el día
en que finalmente se reduzca a nada.
Sin más.