El curandero
Era temprano, primera hora de la mañana. Clara siempre llegaba un rato antes a su negocio, aunque desde la desaparición de su esposo días atrás, todo se había vuelto bastante más pesado, más difícil. Una hoja de papel doblada por la mitad descansaba extraña sobre la barra del restaurante ese día, junto a los grifos dispensadores de cerveza y otros refrescos. La nota no estaba ahí la noche anterior, ¿quién la habría dejado? El corazón le dio un vuelco, pudo reconocer la letra de Theo, su esposo, en el primer instante que comenzó a leerla:
«Mi amor, perdona por no haberte contado antes nada de esto. Hace tiempo que me hablaron de un doctor, un curandero. Vive cerca de Santa Clara en Panamá, en una casita de madera junto al río Majagual. Hacia allí me dirijo, pues parece que la medicina occidental no podrá hacer ya mucho por mí. Clara, te pido que no vengas a buscarme. Para cuando estés leyendo esto ya debería haber pasado una semana desde mi partida y ya me habré encontrado con el doctor. Por favor, quédate en casa y mantén a flote el restaurante. Si esto sale bien pronto estaré de vuelta y todo volverá a ser como antes. Ya sabes que para mí la noche siempre fue un entorno muy espeso. Necesito poder dormir.
Te quiero.»
La nota se desprendió de las manos de la mujer en un hondo suspiro, humedecida por el fluir salado de sus ojos. Llevaba días desquiciada, viviendo dentro de un enorme desconcierto. Al menos esta carta suponía un pequeño descanso: su marido marchó por voluntad propia. Estaba bien pero, ¿por qué no dejó que ella le acompañara, por qué se lo había ocultado Podían haber hecho este viaje juntos.
- ¡Theo estás aquí! Creía que… –apenas había secado sus ojos cuando su marido apareció frente a ella tras cruzar la entrada al establecimiento. Parecía cambiado. Imponente.
- Pude ver al curandero después de que mi avión se estrellara, él sabía de mi visita. No sobreviví al accidente pero ese… médico… es de otro mundo, capaz de todo. Ahora debo llevarte conmigo.
Y la figura del hombre se expandió sobre ella, quedando en la habitación sólo la carta. Nadie más.
La casa del curandero descansa en la noche. En dimensiones extrañas, oscuras e invisibles al ojo humano común.
Este es un microrrelato que escribí y compartí hace ya unos dos años en Steemit; encuentra aquí la publicación original. He pensado que voy a revisar y ordenar mis textos, mis relatos y mis poemas; corrigiendo aquí y allá, tratando de mejorarlos. Además, un poco de organización no vendrá mal a la hora de tratar de darles uso. Así que los que vaya teniendo listos y/o me gusten, los traeré de nuevo por aquí para conocer sus opiniones.