Un grupo excursionista con el que había hecho rutas antes, programó el ascenso a esta cumbre para un fin de semana, de viernes a domingo. Cuando les dije que me anotaran me preguntaron: ¿en cuál grupo, saliendo temprano en la mañana o en la noche? Me pareció muy atractivo eso de subir de noche y allí me sumé.
Una de las ventajas, me explicó el guía, es que el ascenso se hace sin el desgaste que causa el sol al cuerpo. Subir esta cumbre ubicada dentro del Parque Nacional Waraira Repano o Ávila, al que se accede desde Caracas, la capital de Venezuela, no es fácil, requiere de buenas condiciones físicas porque 70% del recorrido es en subida, hay pocos tramos planos.
Le avisé a un amigo que estaba segura querría ir, en efecto, se emocionó mucho porque nunca había hecho una excursión larga y menos había acampado en la montaña.
El viernes de la excursión nos encontramos en una estación del metro de Caracas cercana al punto de reunión con el grupo, él venía de Maracay, una ciudad aproximadamente a dos horas de la capital. Más o menos a las seis de la tarde llegamos a la zona de El Marqués y de ahí nos fuimos caminando con los demás, unas 20 personas, por el empinado sendero hasta el Puesto de Guardaparques (PGP) La Julia, donde empieza el recorrido.
Apenas llegamos nos cayó tremendo palo de agua y corrimos a refugiarnos en la casita del Guardaparques, aprovechando de una vez para notificarle que subiríamos esa noche. Nos registramos como es debido con nuestros datos y él nos dio las indicaciones de rigor, como no apartarnos de los caminos señalizados, no hacer fogatas, bajar la basura al regresar, entre otras.
Esperamos que dejara de llover y después de las 7:30 pm comenzamos el ascenso, algunos con nuestras linternas en la cabeza mientras otros las cargaban en la mano. Para evitar rezagados, adelante iba el guía que lideraba la excursión y otro guía iba detrás del último caminante. Cada cierto tiempo el líder le gritaba “¡último!” y este contestaba “¡último!”, así se aseguraban de que el grupo no se separara demasiado, tomando en cuenta que no todos podían ir al mismo ritmo.
La ruta al Pico Naiguatá, un clásico de todo excursionista caraqueño, es de aproximadamente 14 km saliendo del PGP La Julia (se puede subir desde otros puntos también) y se puede completar en unas seis horas, dependiendo de la velocidad de la persona y de las paradas que haga en el camino.
De La Julia llegamos a El Tanque, donde se puede recoger agua y seguimos hasta otro punto llamado Mirador. En eso dos muchachos venían bajando de la montaña y el guía les preguntó que si el camino por la Ruta 77, más largo pero menos empinado, estaba enlodado, ellos dijeron que sí y mucho, que mejor ascendiéramos por Dos Banderas, ruta más corta pero con unas subidas de terror jajaja… ahí vi la importancia de tener la linterna en la cabeza porque usé mucho los brazos para ayudarme a subir por varios pasos escarpados, casi verticales, para eso había que tener las manos libres.
Por la lluvia que había caído la tierra también estaba mojada ahí pero no enlodada, debe ser que al ser más empinado ese camino el agua corre, no se empoza, igual había que tener cuidado de mirar bien dónde se pisaba para no resbalar, era de noche, todo era subida y el sendero estrecho, íbamos uno detrás del otro. También ya estábamos a mayor altura y el frío se sentía fuerte al hacer alguna pausa, por eso lo mejor era continuar aunque fuera a paso lento y así mantener el cuerpo caliente. Afortunadamente no volvió a llover, el cielo se despejó.
Cuando llevábamos unas dos horas caminando nos paramos unos 20 minutos para comer algo y descansar un poco. Mi amigo iba en jeans, falta de experiencia jajaja, el pobre se estaba congelando.
Continuamos andando, a veces todo me parecía un sueño, me preguntaba ¿qué hago yo aquí a estas horas de la noche? Lo que uno piensa normalmente cuando el esfuerzo físico es fuerte y crees que estarías mejor durmiendo en tu cama jajaja… Llegamos a una parte llamada Los Toyotas y luego a Explanada, de ahí en adelante las pausas que hicimos fueron pocas y cortas, de menos de 10 minutos, el grupo estaba animado y por el frío que pegaba nadie quería parar.
Nos topamos con algunas personas que estaban acampando en pequeñas zonas planas por ahí, hay gente que sube al Pico Naiguatá en dos partes, empiezan como a las cuatro de la tarde y cuando los agarra la noche arman carpas y siguen la excursión al amanecer.
Una de las cosas que se notan aunque sea de noche es el cambio de la vegetación en la montaña, ya cuando íbamos llegando al Pico Goering y El Urquijo, que están a más de 2 mil metros de altura, estábamos envueltos por lo que se conoce como Bosque nublado, árboles altos, helechos y diversas especies de matapalo.
Después viene una parte plana ¡qué alivio!, es la Fila Maestra, aquí la vegetación es de Subpáramo, parecida a la de los andes venezolanos pero sin los frailejones. Cuando llegamos allí miré mi reloj y eran las cuatro y media de la mañana, habían pasado unas ocho horas desde que comenzamos la excursión.
El amanecer nos agarró entre varias formaciones rocosas con llamativas siluetas y nombres como La Arepa y Los Platos del Diablo.
Finalmente como a las cinco y media de la mañana, con el cielo aclarándose en tonalidades azules intensas, llegamos al llamado Anfiteatro, una explanada donde se monta campamento, estábamos ya a 2700 metros de altura. Había varias personas acampando allí, por lo que comenzamos a buscar lugar para montar nuestras carpas, los mejores sitios estaban tomados.
Nos acomodamos donde pudimos y cada quien descansó un par de horas dentro de su carpa, luego desayunamos y nos pusimos a explorar un poco los alrededores, hacía frío y había algo de neblina.
Más tarde el guía reunió al grupo y nos dijo que a las cuatro de la tarde íbamos a subir hasta nuestro objetivo final y quedarnos a ver el atardecer. Claro, el que quería podía ir de una vez por su cuenta, yo decidí esperar y así estar más descansada.
Para hacer cumbre, desde el Anfiteatro se camina unos 15-20 minutos más por un sendero que asciende entre grandes rocas. Hay unas cuerdas para ayudarse y al llegar donde está una gran cruz metálica, estás en la cima del Pico Naiguatá (2765 m).
Cuando llegó la hora, le avisé a mi amigo, aún estaba rendido en su carpa, por poco no se anima a ir hasta que le dije: ¿viniste hasta acá para no hacer cumbre? Con esa frase demoledora se terminó de despertar y se levantó de ahí jajaja.
El clima había mejorado, había sol, por lo que todos estábamos entusiasmados por ver el paisaje desde la cima.
El Pico Naiguatá está entre los estados Miranda y La Guaira, al norte de Caracas y su nombre es en honor al cacique Naiguatá de la tribu Caribe, grupo indígena que poblaba el valle rodeado por esta gran montaña verde que separa a la capital venezolana del mar Caribe.
Ya había gente en la cumbre cuando llegamos, todos estaban alborotados tomándose fotos, conversando, mirando el horizonte; el ambiente estaba alegre y el viento helado y bastante fuerte nos tenía a todos temblando pero felices con los cachetes rosaditos.
El espectáculo visual desde los 2765 metros de elevación del Pico Naiguatá vale totalmente la energía que se gasta en esta excursión, por un lado se ve la ciudad de Caracas que se extiende enorme por el valle, y cuando giras al otro lado contemplas la población de La Guaira y el mar Caribe espectacular. Allí estuvimos hasta que el sol se fue ocultando.
En el campamento nos dispusimos a preparar la comida, yo había llevado varias latas de atún y salsa y mi amigo había llevado los panes para hacer sándwiches, un compañero del grupo nos ofreció pasta a cambio de atún y la cena se enriqueció jejeje, sin duda eso es otra de las cosas buenas del montañismo, el compartir con los demás.
Luego estuvimos por ahí conversando, otros cantando y echando cuentos, pero el frío estaba fuerte y por eso nos fuimos a nuestras carpas temprano. No pude dormir mucho esa noche, no solo por el frío que puede llegar a los 0º C sino también porque el viento estaba rudo y sentía como retumbaba sobre mi carpa, la sacudía.
Al día siguiente había puesto la alarma para ver el amanecer. Salí de la carpa a hacer mis necesidades fisiológicas, recoger agua en el manantial que está cerca del campamento para luego sentarme a contemplar la salida del sol. Siempre hago esto cuando voy de campamento, es un momento mágico.
Recogimos las carpas y como a las 7:30 de la mañana una parte del grupo ya estábamos en el camino de regreso, otros se quedaron, saldrían más tarde.
Como mi amigo tenía que regresar a su casa en Maracay empezamos temprano para ir a un ritmo relajado, disfrutar del paisaje que no pudimos ver cuando subimos de noche y llegar a Caracas al mediodía.
El buen tiempo nos acompañó, el cielo estaba súper azul y pudimos disfrutar de la belleza de esta montaña que es el pulmón y principal atractivo natural de la capital venezolana. Entre su variada vegetación habita fauna diversa, más de diez especies de aves, entre ellas: guacharacas, colibríes, el turpial y mamíferos como ardillas, rabipelados, cachicamos, puercoespines, cunaguaros, venados; también hay serpientes peligrosas como la mapanare, cascabel y la coral. Vimos varias aves y un cachicamo (armadillo), supongo que no vimos más porque los animales al escuchar sonido humano huyen.
El regreso estuvo fresco la mayor parte del tiempo, porque andábamos entre árboles altos y agradables olores de la flora, mientras íbamos bajando nos íbamos quitando ropa, como el suéter o la bufanda, ya volvíamos a nuestro acostumbrado clima tropical.
Completamos el retorno en unas cinco horas y nos tiramos un rato al suelo para descansar cuando llegamos al Puesto de Guardaparques La Julia.
Ya saben aventureros, cuando estén por Caracas ¡hagan esta excursión!
¡GRACIAS POR LEER!
Todas las fotos fueron hechas por mí con una cámara digital Sony Cyber Shot 7.2 mp