VERSIÓN EN ESPAÑOL
Eonis
Una célula es fecundada, resguardada dentro de un módulo sustancioso que permite el desenvolvimiento de su desarrollo. La célula posteriormente se divide en miles de secciones, produciendo la evolución de un nuevo organismo con un genoma diversificado. La división se complementa y se vuelve variada, generando una capa blanca y brillante parecida a la de una crisálida.
Las eras pasaron y el capullo trascendía inadvertido y hermoso, generando su propio calor a base de su alimento, el cual, producía gracias a los elementos que proveía el medio ambiente. La cápsula creció con el tiempo, hasta alcanzar el tamaño de una persona. Sus lados comenzaron a segregar una sustancia viscosa, como el fango de los pantanos, era de agradable olor y blanquecina centelleante, parecida al brillo de la escarcha.
El momento había llegado, la cápsula comenzó a abrirse, después de eones de espera la Tierra por fin culminaría su entereza, fue en ese maravilloso momento que otros ojos se abrieron al mundo, fue el día en que finalmente nació en finura Eonis.
Su código genético no estaba bien definido, sin embargo, estaba claro para la ciencia que parte de su ADN era humano. La bautizaron Eonis, porque había sobrevivido épocas completas durante su desarrollo hasta que germinó. Era extraordinario saber que los tiempos de los milenios, no habían prorrumpido ni una vez en los periodos de su gestación.
La apariencia de Eonis era parecida a la de una humana, pero más alta. Sus ojos eran enormes y compuestos por millares de ojos microscópicos. Su contextura era delgada y sus cabellos eran azules. Su piel amarillenta relucía con el resplandor de la luna, dándole un aspecto deslumbrante y angelical. Las antenas sobre su cabeza, le otorgaban el don de poder oler, ya que Eonis no poseía un olfato en sí, puesto que en su estructura humana, no era necesario para ella.
Eonis era un ser holometábolo, con la capacidad de volar. Sus hermosas alas lepidópteras eran enormes y extensas; celestes como el color más claro de un cielo diurno, bordeadas con líneas de colores que fulguraban con un simple movimiento, ni en las alturas ni en la Tierra Eonis pasaba desapercibida.
Sus periodos de reposo requerían un lugar recóndito lejos toda actividad viviente, ya que a pesar de sus desconocidas facultades, era susceptible al peligro, y sus mecanismos de defensa la abrumaban de adrenalina, lo que la conllevaba obligatoriamente a migrar a otro destino para empezar de nuevo.
Mi colega; Arturo Sarmiento, descubrió a Eonis mucho antes de yo incorporarme en la estación científica 402. Me habían asignado como su compañero para estudiar a las especies de insectos recientemente descubiertas en el cuadrante RADA, mejor conocido como «La selva de los perdidos», porque tales eran sus peligros, que quien se adentraba, no volvía jamás. Fue aquí donde Sarmiento había descubierto a Eonis, escondida en las intransitables espesuras.
Mi colega era un afamado biólogo, con doctorado en entomología y desarrollo de la vida. Sus estudios lo colocaron como conocedor de los grandes hallazgos más recientes sobre el mundo de los insectos, otorgándole varios reconocimientos de alto grado, posiciones emblemáticas en la comunidad científica, coordinador de varios proyectos y conferencista en diferentes eventos de importancia magnánima.
Ahora se encontraba aquí conmigo en una zona casi inexplorada del mundo, estudiando nuevas especies de insectos, sin embargo, él no lo hacía por orden laboral, sino por capricho, ya que era un investigador empedernido e imposible de hacer cambiar de opinión. Que iba a imaginar Sarmiento que sería en este lugar donde conocería a Eonis, considerada una maravilla de la naturaleza.
Por respeto a él y todos los avances e investigaciones científicas que había logrado, le prometí que no le diría a nadie de la comunidad sobre aquella criatura hasta que él tuviese un contacto más productivo. Desde que me instalé a trabajar en esta estación nunca he visto con mis propios ojos a Eonis, pero la documentación e información que el doctor Sarmiento pudo recabar, me hizo creer fielmente en ella, en su naturaleza y características.
La desesperación de mi colega por tener contacto con aquel ser, era tan alta que era capaz de cometer errores insensatos. Planeaba el uso de un artefacto que básicamente estaba estrictamente prohibido. El dispositivo era un prototipo y poseía la habilidad de emitir hondas constantes de sonido, que en teoría, causarían un efecto de placer en los órganos sensoriales de los insectos, sin embargo, las últimas pruebas realizadas, solo han provocado parálisis e incluso la muerte, por lo que está prohibido el uso de esos artefactos hasta recibir una actualización aceptada.
En nuestra estación, poseíamos dicho aparato, y mi colega, en su obsesión por tener un contacto con Eonis, usó el dispositivo para llamar su atención. Fue una noche, yo dormía mientras él ajustaba el dispositivo a una frecuencia que supuestamente solo Eonis podía percibir. De haber estado despierto, lo hubiera detenido, el muy chiflado causó la muerte de miles de insectos de la selva, sin embargo, había logrado su único objetivo.
Según lo que me relató de su acontecimiento demente, había logrado un acercamiento con Eonis, pero algo había salido mal. Él vislumbró que la ninfa segregaba en todo su cuerpo la sustancia para elaborar una crisálida, tal parecía, que Eonis se sumiría en una dormancia por tiempo indefinido. Sarmiento se sentía triste y arrepentido, puesto que creía que eso lo había provocado él. Al final, su contacto fue muy breve y Eonis regresó a la selva para comenzar su ciclo.
La comunidad científica posteriormente se enteró que el doctor Sarmiento había hecho uso del aparato, por lo que fue destituido súbitamente. Yo mantuve mi promesa y no dije ni una palabra sobre Eonis y me quedé con toda la información recolectada. Pedí un traslado, porque quería estar cerca de mi familia, además, estar en ese sitio sin Sarmiento, era como estar en el infierno de un mundo amazónico.
ENGLISH VERSION
Eonis
A cell is fertilized, sheltered within a substantial module that allows its development to unfold. The cell subsequently divides into thousands of sections, producing the evolution of a new organism with a diversified genome. The division is complemented and becomes varied, generating a white and shiny layer similar to that of a chrysalis.
The ages passed and the cocoon transcended unnoticed and beautiful, generating its own heat based on its food, which it produced thanks to the elements provided by the environment. The capsule grew over time, until it reached the size of a person. Its sides began to secrete a viscous substance, like the mud of the swamps, it was of pleasant smell and whitish sparkling, similar to the shine of the frost.
The time had come, the capsule began to open, after eons of waiting the Earth would finally culminate its wholeness, it was in that wonderful moment that other eyes were opened to the world, it was the day that finally Eonis was born in fineness.
His genetic code was not well defined, however, it was clear to science that part of his DNA was human. She was named Eonis, because she had survived entire eras during her development until she germinated. It was extraordinary to know that the times of the millennia, had not broken even once in the periods of her gestation.
Eonis's appearance was similar to that of a human, but taller. His eyes were huge and composed of thousands of microscopic eyes. Her build was thin and her hair was blue. Her yellowish skin glowed with the glare of the moon, giving her a dazzling and angelic appearance. The antennae on her head gave her the gift of being able to smell, since Eonis did not possess a sense of smell per se, since in her human structure, it was not necessary for her.
Eonis was a holometallic being, with the ability to fly. His beautiful lepidopterous wings were huge and extensive; light blue as the lightest colour in a daytime sky, bordered with coloured lines that flashed with a simple movement, neither in the heights nor on the Earth Eonis went unnoticed.
Her periods of rest required a place far away from any living activity, since despite her unknown faculties, she was susceptible to danger, and her defense mechanisms overwhelmed her with adrenaline, which forced her to migrate to another destination to start over.
My colleague; Arturo Sarmiento, discovered Eonis long before I joined the scientific station 402. I had been assigned as his companion to study the insect species recently discovered in the RADA quadrant, better known as "The Jungle of the Lost", because such were its dangers, that whoever went in, never returned. It was here that Sarmiento had discovered Eonis, hidden in the impassable thickets.
My colleague was a famous biologist, with a doctorate in entomology and life development. His studies placed him as a connoisseur of the most recent great discoveries about the insect world, giving him several high grade recognitions, emblematic positions in the scientific community, coordinator of several projects and lecturer in different events of magnanimous importance.
Now he was here with me in an almost unexplored part of the world, studying new species of insects, however, he did not do it for work purposes, but on a whim, since he was an inveterate researcher and impossible to change his mind. What was Sarmiento going to imagine would be in this place where he would meet Eonis, considered a wonder of nature.
Out of respect for him and all the scientific advances and research he had achieved, I promised him that I would not tell anyone in the community about that creature until he had a more productive contact. Since I settled down to work at this station, I have never seen Eonis with my own eyes, but the documentation and information that Dr. Sarmiento was able to gather, made me faithfully believe in her, in her nature and characteristics.
My colleague's desperation to have contact with that being was so high that he was capable of making foolish mistakes. He was planning to use an artifact that was basically strictly forbidden. The device was a prototype and possessed the ability to emit constant waves of sound, which in theory, would cause an effect of pleasure on the sensory organs of insects, however, the latest tests performed, have only caused paralysis and even death, so it is forbidden to use such devices until receiving an accepted update.
In our station, we had such a device, and my colleague, in his obsession to have a contact with Eonis, used the device to get his attention. It was one night, I slept while he adjusted the device to a frequency that supposedly only Eonis could perceive. Had he been awake, I would have stopped him, the nutcase caused the death of thousands of jungle insects, however, he had achieved his only goal.
According to what he told me about his insane event, he had managed to get close to Eonis, but something had gone wrong. He glimpsed that the nymph was secreting the substance throughout his body to make a chrysalis, so it seemed, that Eonis would go into a sleep for an indefinite time. Sarmiento felt sad and sorry, for he believed he had caused it. In the end, his contact was very brief and Eonis returned to the forest to begin his cycle.
The scientific community later learned that Dr. Sarmiento had made use of the device, so he was suddenly dismissed. I kept my promise and did not say a word about Eonis and kept all the information collected. I asked for a transfer, because I wanted to be close to my family, besides, being in that place without Sarmiento, was like being in the hell of an Amazon world.