Después de cinco días de silencio, no me siento preparada para regresar a esta ventana pero lo voy a hacer igual.
Antes tuve unos arranques de delirio en los que quise publicar cosas incoherentes. Hoy creo que estoy un poco más en mis cabales.
Lo cierto es que los días han pasado cargados de mucha ansiedad y temor.
Hablo de lo que me perturba a pesar de que me perturba, como para ver si logro hackear de alguna manera este sistema.
Lo siguiente está únicamente basado en mi experiencia.
Entonces la oscuridad.
Siempre le he tenido miedo a la oscuridad. Siempre he sido cuestionada al respecto. Es pequeña, es normal que le tenga miedo ¿No? ¿Pero a los 15? ¿A los 20 años? La gente lo mira raro a uno. Aunque aparentemente es común que afecte a adultos.
A ver. Por lo general, cuando viene la hora de dormir me pongo tensa. Me da miedo y estoy alerta. Pero es algo que se mantiene en segundo plano. Es leve.
Naturalmente, tomo mis previsiones: salir del cuarto solo si es necesario. Ir lo más rápido. Prender todas las luces que estén en el camino. No quedarme viendo la oscuridad mucho tiempo. En la cama, taparme los pies. Estar cerca de mi perra si es posible. Tener una luz de noche.
Y ya, lo normal.
Pero hace poco tuve una experiencia de insomnio que tenía tiempo sin experimentar: no poder dormir por estar asustada. No me pasaba desde que era pequeña. Ayer volvió a repetirse.
Y la cosa es que no puedo dormir hasta que amanece.
Mi mamá me dice pero tienes que quedarte tranquila y respirar profundo. Si te vuelve a pasar tu me despiertas y yo te hago un té.
Pero me da miedo levantarme. Moverme no es una posibilidad. Me quedo paralizada.
Es algo que no se entiende y que no sé cómo explicar. ¿Miedo a qué exactamente? Exactamente, a todo lo que pueda pasar durante la noche cuando estoy dormida. Si lo pienso un momento, dormir es entregarme a las posibilidades.
Y eso me asusta.
Este miedo está muy arraigado en mí. Me sale tan natural, que ni siquiera había pensado en investigar al respecto.
Está descrito en todas partes como una fobia: un miedo irracional. Pero ¿existen cosas como los “miedos irracionales”? Quiero decir, a mi no me dio un día por tenerle miedo a la oscuridad.
No señores. A mí me pasó algo, hace tanto tiempo que no lo puedo precisar.
Tal vez ni siquiera fue algo, sino un conjunto de circunstancias que capaz ni tenían que ver. Y mi mente de tres años relacionó las cosas como pudo. Eso es un razonamiento. Lo que pasa es que ahora no puedo dormir porque la oscuridad representa peligro.
Irracional no es. Parece porque no lo entendemos.
Yo creo que mientras más pueda entenderlo más cerca estaré de superarlo. Y de despejar algunas otras incógnitas.
Porque lo que sucede con este tipo de cosas es que están metidas tan profundo dentro de uno, que se hacen ovillo. Cuando vienes a ver está una cosa enredada con la otra y la otra con todo lo demás.
Son cosas que nos atraviesan.
En esos momentos se me mezclan los monstruos y los entes paranormales con las preocupaciones cotidianas. Por momentos me parece que hablar del miedo a la oscuridad es hablar del miedo al abandono, a estar sola o a la falta de atención y cuidado.
No sé muy bien que es pero, mis indagaciones apuntan a que hay algo que se me perdió. Algo que está ausente.
Por algún motivo la noche, solo resalta los espacios en blanco. Las piezas que me faltan. Se me notan más las costuras cuando no hay quien las vea.
Y entonces no hay tecito que valga.
Para el calor sí. Si lo tomas frío.
Para hacerlo van a necesitar:
- Una bolsita de té de su preferencia. Yo usé té verde porque era el que había
- Un limón
- Dos cucharadas de azúcar
- Y algo así como una taza de agua más o menos
Lo que hay que hacer:
Se pone a hervir el agua. En la hornilla o en el microondas. ¿Cuánto tiempo? Bueno, hasta que hierva. Luego se retira el agua de la fuente de calor y cuando ya no esté burbujeando, se agrega el té. Aquí lo pueden dejar reposar unos minutos. Después o inmediatamente, se agregan el azúcar y el limón. Y hay que moverlo hasta que el azúcar se disuelva. Repito: hasta que el azúcar se disuelva. Si no, les va a quedar insípido y van a ponerle más azúcar y más azúcar y toda va a quedar en el fondo. Entonces, hasta que se disuelva el azúcar es que se mueve el té.
Y listo. Lo pueden dejar en la nevera a que se enfríe o ponerle hielo y tomarlo de una vez.
La próxima vez que los ataquen los monstruos ya saben que esta receta no les sirve. Pero se pueden consentir al día siguiente si están agotados por el insomnio.
Las imágenes, la receta, los miedos y las inseguridades son mías.
Gracias a porque los divisores de página más bellos son de ella.
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Vic.