El presentarse siempre me ha resultado algo un tanto difícil. Es el noble intento de exteriorizar la visión que se quiere proyectar hacia el otro sobre sí mismo. En internet esto es algo que resulta sencillo, debido a que siempre se muestra simplemente lo que se desea -con la intención consciente o inconsciente de que este contenido sea consumido- y de esta forma se puede casi que imponer la visión deseada sobre el otro. De esta manera, se empieza a desarrollar la internet persona. Éste es un término que me resulta fascinante. Explicaré por qué: persona, ae, es una palabra proveniente del latín, nominativo singular femenino de la primera sección de declinaciones -son cinco en total- que tienen las palabras de esta lengua. Su significación en aquél entonces era distinto al que se le otorga actualmente. Significaba “máscara”. Máscara de internet, podríamos traducirlo entonces. Es verdad que todos las personas poseen una máscara. -He llegado a pensar en numerosas ocasiones que nunca conocemos a nadie en realidad.- Entonces, podríamos decir que la internet persona sería algo así como la máscara encima de la máscara. La persona de la persona. O podría ser como una especie abstracción de la misma. ¿Nunca han llegado a pensar que alguien que conocen es un tanto distinto en internet, o, incluso, ustedes mismos? Bueno, lo que deseo presentarles es un poco de ambos -a pesar de que mayormente será la internet persona lo que vean debido a que es inevitable-. He de decir que con referirme a esto no quiero decir que mi internet persona se desdobla completamente de mi persona. Es algo que considero que está más bien entremezclado, formando una especie de amalgama del Ser que se expone en internet.
Aquí les presento mi máscara de carne:
Nací bajo el seno de una ciudad fría y llena de duendes que me hacen que se me extravíen las cosas -Mérida-, rodeada de montañas que recorren toda la ciudad como si de vigilantes gigantescos se tratase. En mi sexto cumpleaños mi familia me llevó a un parque y me fracturé el codo, dejándome una cicatriz considerablemente notoria en la extensión del brazo.
-Esta es la vista crepuscular de las montañas que se ve a través de mi ventana-
-Esta es la cicatriz de mi brazo, me suelen decir que parece un ciempiés-
-Este pequeñito de acá es el Elefantito, es mi bebé y a veces salimos a pasear, pero no hemos podido volver a hacerlo desde que empezó la cuarentena-
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Escribo desde que tengo quince años -exactamente desde la semana santa del año dos mil dieciséis y no he parado desde entonces-. Desde siempre he tenido una necesidad casi violenta de hacerlo. Recuerdo que a esa edad de las primeras cosas que hice al llevar ya varios escritos acumulados fue abrirme un blog y publicar varias cosas -ya bastante viejas- que al volver a leerlas -son bastante malas, por supuesto- me genera algo de nostalgia. De saudade, mejor dicho. Ahora tengo la oportunidad de volver postear acá e incluso, a ser leído acá y eso me alegra. Estoy enamorado de las letras, del cielo y sus colores que explotan en algunos puntos del día -los cuales siempre intento capturar en fotografías- y de una luciérnaga. Mi lunar favorito es el de mi frente.
-El de la izquierda es el primer cuaderno que tuve y el de la derecha es en el que escribo actualmente-
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“¿Qué soy?, ¿quién soy?”. No puedo saberlo muy bien. Sólo sé de dónde vengo, no sé a dónde voy y voy a donde sé ir. Vengo de las ruinas donde yacen cimientos de ceniza y crecen flores de plomo, soy el pensamiento desordenado de la contradicción eterna, la estrella negra más brillante del desfile de la basura aglomerada que marcha con aires lúgubres. Vil y errante, me dirijo a la arbitrariedad del pensamiento y al extrañamiento amoroso de la tragedia humana. Esto quiere decir que no tengo un rumbo fijo, debido a que lo nombrado resulta omnipresente. Es un néctar del que se bebe en cada esquina cuyos efectos secundarios terminan definiendo la condición humana. Tengo la fortuna de poseer el privilegio de estar desorientado, convicción que puede ser fatal si no se va con mucho cuidado. Me he dado cuenta de repente que no entiendo nada. Todo me parece extrañísimo y la confusión, tomada de la mano de la incertidumbre me llevan a pasear constantemente y así he llegado a establecer vínculos con algunos sentimientos extrañamente hermosos y sensacionalmente tristes. Tengo la costumbre de cargar con un diccionario de percepciones y un glosario de sufrimientos. Suelo disfrutar de caminatas químicas y deleitarme con la sangre de los crepúsculos del cielo, navego melancólicamente por los mares del conocimiento en busca de una verdad que nunca voy a encontrar. Soy un oscuro resplandor que se desaparece poco a poco y que va sin rumbo, dejando pedazos de sí mismo por dondequiera que pase. Dejando un rastro, al menos.
Mi intención con este blog es mostrar las cosas que se me caen a lo largo del transitorio e incesante caminar del tiempo. Compartirlas. Ya sean pensamientos, críticas o reviews con respecto a películas o libros que esté leyendo, algún ensayo, fotografías que suelo tomar, contenido literario -poemas, cuentos, etc...- completamente inédito. Y que todo esto pueda ser apreciado por ustedes.
*A G R A D E C I M I E N T O S
Gracias a ustedes por llegar hasta aquí y leer. Gracias al equipo de y a
por su agradable colaboración guiándome en este lugar nuevo y haciendo posible la realización de esta cuenta, ya que sin ellos no podrían estar leyendo todo lo dicho anteriormente y lo que espero que puedan seguir leyendo en la posteridad.