Calles vacías, calles que en un estado de normalidad, en el día a día eran un hervidero de gente. Calles que veían pasar entre sus paredes a cientos de personas al día. Gente de todo tipo. De la zona, turistas, comerciantes, paseantes; gente de distintas religiones, de razas diferentes; gente buena, gente mala; gente ajena a un virus que les iba a afectar del mismo modo y que no distingue entre ninguna de estas características ni particularidades.
Tres meses después, estas calles vuelven a presenciar el trasiego de estas gentes que, seguramente nunca olvidarán estas semanas en las que este virus les paró la vida tal y como la conocían.
Calles vacías que vuelven a estar llenas de vida. ¿Será por mucho tiempo?