Es ese pequeño instante dónde andamos, sitiendo cada segundo del reloj en el caminar de nuestros pasos.
El tic tac suena, y la arena cae, se derrumba y hace suma a un montón que cayó hace minutos, así de simultáneos somos, impredecibles, sin acertar, solo vivir.
Es tan erróneo planificar, cuando estamos en un plano que mueve sus coordenadas en cada puesta del sol, dónde sabemos que la aurora sale, pero no sabemos cuándo se extingue.
Solo nos queda vivir, apreciar cada minuto, reír, gozar, respirar y saber que los tropiezos son livianos cuando no los calificamos como imposibles.
Es ahí cuando aprendemos a valorar lo que tenemos, apreciamos cada instante y disfrutamos al máximo lo maravilloso de vivir.