Juan y Pedro salieron una tarde de paseo.
Juan, por su instinto de precativo percibió en las inmediaciones de una casa donde vivían una pareja la presencia de dos sujetos con apariencia de sustó. Discretamente le preguntó a su compañero:
— Compadre Pedro, ¿ Que haría usted si nos persiguera esos dos sujetos?
— Mire, compadre Juan, eso para mí es lo de menos, porque yo tengo muchas mañas —dijo el hombre petulante.
Los amigos continuaron caminando, pero Juan, poco satifecho de lo que le había dicho su amigo, no podía de vista la casa.
De repente asomaron la cabezas, unos sujetos. Juan, sin perder el tiempo, se escondió en una casa.
Pedro, sin saber que hacer de aquel aprieto, trataba de escapar de esos sujetos armado.
Juan, desde su paradero, recordando la petulancia del hombre, le gritó con fuerza:
—Compadre Pedro, de tantas mañas que tiene usted, aplique aunque sea una.
A esto le contestó Pedro:
—¡ Qué caray ! ¡Si ya no me acuerdo ni donde estoy parado!
Por eso, queridos amigos, nunca hay que hablar de mas porque " la predencia es madre de la sabiduría".