Mi nombre es Yosleidy Hernández. Cuando era pequeña me gustaban las películas ambientadas en otras épocas, sobre todo si incluían la magia y su misterioso origen. De ahí mi fascinación por los objetos brillantes. Quiero conservar esa curiosidad agazapada que me persigue, abrir mis pequeños ojos con mucho asombro ante cualquier suceso desconocido.
Con esmero y esfuerzo intenté muchas veces encajar con algunas niñas del preescolar. Sus cabellos rubios las hacían parecer princesas. Yo, sin una pizca de malicia, regalaba dibujos de unicornios, pero ellas a pesar de tener menos de seis años, se burlaban de mí diciendo que eran grandes para esas cosas. Por supuesto, no recuerdo nada de esto, aunque me reí mucho cuando mi mamá me contó que le relaté el acontecimiento llorando un día al llegar del colegio. Debo decir que prefería estar dibujando, aún lo prefiero.
Castigo tortuoso era no tener un lápiz y una hoja en mis manos, siempre iba al rincón por rayar las paredes.
Debo admitir que puede que un día no pueda dibujar más. A la edad de cuatro años me diagnosticaron miopía, astigmatismo y estrabismo. Cuando tenía seis, empecé a tomar algunas pastillas que me hacían doler la cabeza, pues los doctores dijeron que si mis problemas seguían avanzando no llegaría a ver ni sombras a los veinte. Sí, ahora tengo veinte años. Y aunque con lentes de contacto de gran aumento, podré seguir coloreando el mundo unos años más.
Gracias a mis problemas de visión, tengo muy mala orientación para buscar las cosas, así que en mi casa los objetos siempre están en el mismo lugar. Nunca fui buena en los deportes, ya que no lograba ver el balón. Tampoco aprendí a nadar, y espero sonrían si les digo que tengo un salvavidas en forma de dona, con flores como las de Bob esponja.
No tengo problemas en admitir que soy una persona terca, me gusta sentir que hago las cosas con todo mi esmero, sin importar que tan cansada termine. Gracias a ello, sentí mucha frustración al querer nadar. Más de una vez me perdí en la playa, sin distinguir voces ni rostros. Tras mi último susto dónde trague mucha agua, y terminé con un raspón, le agarre cierta fobia al mar.
Al no ser una persona tan dinámica como los demás, me refugie entre los libros, el tejido, la jardinería, las manualidades,y como ya mencioné, el dibujo.
Algunos de mis amigos dicen que soy como una abuelita, de esas que preparan galletas y te engordan con caramelos de menta o jengibre. Todo lo apunto en el calendario, las compras siempre están en una lista, y mis apuntes tienen notas plegables de colores con sus respectivos títulos en marcadores finos.
El primer retrato que hice fue sobre mi misma, a veces creía que era un poco narcisista de mi parte hasta que me di cuenta que era mi propia musa. Era una luchadora, y recién me percataba de ello. Pienso que es una forma en la que puedo apreciarme un poco más.
Recuerdo que siempre hice preguntas difíciles a las demás personas. Lo supe al darme cuenta que mi materia favorita de bachillerato era física, mientras que mi pasatiempo de receso era la tabla de Rufini, al igual que era entretenido debatir con el profesor de historia universal.
Cuando tuve mi primera planilla como estudiante universitario, con su respectivo sello y permiso, saque unos seis libros de filosofía de la biblioteca. No voy a negar que a muchos no les gustan tanto esos temas.
Hace poco fue que inicie mi pequeña colección de libros. Entre tantos géneros siento fascinación por la poesía, al punto de hacer coplas en una pequeña agenda mientras espero el autobús.
Así que, la única forma en la que puedo expresarme y acercarme un poco a la respuesta sobre ¿Quién soy? Es a través de metáforas y metonimias:
Soy una tormenta, ese mismo mar agitado al que le temo. Por dentro todo es confuso, ningún pensamiento está fijo. Tal vez en el fondo tengo miedo a quedarme quieta. Al final formo parte de ese arcoiris que se disipa en el cielo, de ese desierto y una montaña fría. Esto sería un intento de resurrección, un desesperado renacer ¿Tendré vida o gracia? solo decorada por una sonrisa que brilla al salir el sol. Puedo ser una rama que se extiende en el viento, para sentir la brisa fresca antes de caer. Porque soy parte de este mundo, entonces yo siento, lloro, río… soy un manojo de contradicciones. Nada definido en sí, solo una pequeña porción de cada cosa, experiencia, virtud, defecto, objetos que brillan, flores de campo, he dejado y recolectado un poco de mí en cada paso que he dado. Soy ese camino que he dejado rastro, ¿Resultados? El mundo gira sin cesar y quizá dentro de muchos años siga debatiendo sobre cuál debería ser mi color favorito, pues no lo tengo. Espero poder seguir descubriendo cosas que me llenen de asombro.
Mi blog será dirigido hacia el arte.
Para concluir, agradezco a el equipo de y
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y
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por la accesoria y apoyo.