Quiero dar un aplauso a Talent club por este llamado a celebrar -aun en confinamiento por la epidemia del COVID, con los recursos que tengamos a mano, o en la memoria- el día de Halloween.
Aquí está el llamado al concurso
Decir Halloween es resumir la manera cómo la antiquísima tradición celta, que despedía al sol el último día de su año, (con una celebración llamada “Samhain”, cuyo significado es en lengua gaélica es el “final del verano”) o el momento en el que las noches se hacían más largas, pasó a cristianizarse para comenzar a denotar el día anterior a la celebración de todos los santos (“All Hallow´s Eve” expresión de donde surgió la palabra “Halloween”. En la actualidad ese viraje parece retroceder para regresar a sentidos más originarios.
Tal vez no haya nada más universal que la muerte y la manera como los hombres retardan lo que tenga que ver con ella. Por ello, tal vez, los antiguos celtas consideraban que en ese último día los muertos volvían al mundo de los mortales para participar de la fiesta.
No es extraño entonces que las dos fiestas, la del Día de los muertos y la de Halloween, se vayan intrincando.
En América central y Sudamérica el Halloween, que es la “fiesta norteamericana” de esta fecha (llega allí en el acervo cultural de los irlandeses católicos) va ganando auge en la actualidad y, para descontento de los tradicionalistas, comienza a sustituir la forma de celebración tradicional del Día de los muertos. Muchas son las razones de este desplazamiento. Desde mi perspectiva la forma lúdica que asume es un importante elemento a considerar.
Pero si no fuera suficiente hay que recordar que con el rompimiento de las rígidas formas se hace un espacio para que salgan a flote antiguas y hermosas creencias que mantienen un lazo de amor con los que se han ido.
Hago esta introducción para justificar la experiencia que a continuación voy a relatarles.
Tal vez mi contenido no es el esperado, pero es completamente auténtico, trata de expresar las emociones diversas que se viven alrededor de los muertos.
Celebración para los muertos en Barbacoas, estado Sucre, Venezuela.
La gente que vive en el caserío campesino de Barbacoas celebra, como ningún pueblo en Venezuela, el Día de los muertos.
La experiencia que en ella puede vivirse es una muy intensa. Trabajé mucho tiempo cerca de esa comunidad y desplegué por su cultura mucha curiosidad.
No se me ocurre poner en este espacio una descripción detenida de sus orígenes étnicos porque puede resultar pesado, me conformaré con decir que se mantuvieron relativamente aislados de las usanzas citadinas, concentrados en sus costumbres campesinas heredadas de las tradiciones indígenas. Aun hoy, aunque cueste creerlo, viven apegados a creencias y cosmovisiones con fuerte contenido indígena. Por ello, y sin entrar en detalles, para ellos el día de los muertos es una gran fiesta.
El Día de los muertos es para los barbacoences el día más importante del año. Durante la semana que antecede, la vida social se llena de preparativos. Entre toda la población limpian el camposanto ( el más antiguo del sector). Hay que preparar el condumio para pasar en el sitio dos días, pues dos días hay que alumbrar ininterrumpidamente a los amados difuntos. Es necesario dar una mano de pintura a las tumbas, cada una debe estar en el mejor estado posible, ya que todo el pueblo pasará por ella.Hay que preparar las mejores galas, durante esa noche muchas novias no llegarann a la casa paterna porque deciden iniciar la vida en pareja.
Debo decir que viví repetidamente esta experiencia. Como venezolana estoy muy orgullosa de ella y como profesional de las ciencias sociales me conmueve cómo puede la cultura proporcionar a la gente momentos tan vitales. Ante ellos solo cabe el asombro y el silencio absoluto.
A pesar de toda la expectativa, de los preparativos y de la historia cuando llega el momento del alumbramiento un silencio sobrecogedor se hace en el cementerio.
A medida que se encienden las velas comienza un comunitario lloro silencioso.
Cada familia esta frente a la tumba familiar fundida en un abrazo, a veces, en estos primeros momentos, toca cargar todo el peso del dolor de la ausencia solo.
Paulatinamente comienzan las sonrisas y la celebración del Día de los muertos adquiere una intermitencia que soporta lágrimas y sonrisas.
He visto como una familia sentada en la tumba comienza a hacer un recuento del ultimo año familiar y allí surgen las nostalgias pero también las chanzas, las carcajadas...
Sobre la tumba se colocan las viandas y la familia cena. Comen y beben en un ir y venir hacia las puertas del camposanto que se hace estrecha para tanta gente.
Los jóvenes escuchan con atención todos los recuerdos, pero afuera del cementerio la vida sigue. Ellos quieren estar en ella...
Un poco más allá se va paulatinamente conformando un coro.
Ningún campesino que toque un instrumento lo deja ese día en casa; por el contrario la muerte es ocasión de reflexión poética en todas las culturas, también aquí. Si uno permanece en el sitio puede pasar de escuchar los llantos a mirar los coqueteos de los jóvenes o a asombrarse con la poesía de los recios campesinos de mi tierra:
Cuando Juan Acosta muera
hagan un Juan Acosta de palo
para que no digan que está muerto
para que no digan que está malo.
Durante dos días habrá un movimiento continuo entre las casas del caserío y el cementerio.
Mientras eso sucede el recuerdo de los tiempos idos trae al presente ritos ancestrales. Poco a poco, en el mayor silencio, se organizan los hombres. Está terminantemente prohibido, por las autoridades, realizar el Baile de la Maluca desde hace muchos años.
Se trata de hacer una Representación de origen en el río. Es la lucha del bien contra el mal. Se arman los dos bandos. Cada uno toma posesión de una orilla del río, que corre pocos metros detrás del cementerio. Se encontrarán en el medio...
Sé, en teoría y por informantes en que consiste, como pueden sonar algunos cantos, pero nunca acumulé lo suficiente para presenciarlo, tal vez por ser mujer, sospecho.
Lo cierto de esta parte de mi experiencia es que, muchas veces, mientras observaba el espectáculo de cruces iluminadas en el cementerio sentía que a corta distancia de mí se producía un hecho mágico. Una suspensión del valor de la vida humana en favor de lo eterno. Los muertos de esa batalla entrarían en una historia incognoscible para muchos, pero nacerían como héroes para un grupo humano empeñado en entregar de una generación a otra su particular manera de ser hombres.
Todas las fotografías pertenecen a mi archivo personal.