Érase una margarita que soñaba todos los días, y en sus sueños unas veces era blanca neblina de amanecer, otras nube violeta de crepúsculo, o nacarada estrella… A veces salía de su jardín, para recorrer en sus vuelos ligeros las verdes montañas y sabanas de su tierra, o planear sobre la piel del azul océano bañada de la dorada luz del sol de la tarde. Pero lo que más le gustaba era verse convertida en niña que jugaba con sus graciosas muñecas y sus dulces cachorritas caninas. Así permanecía esta Margarita, imaginando cada día un nuevo cuento para hacer feliz a la gente.
Cuando leí el post de invitando a participar con una publicación para celebrar el nivel alcanzado de 100 miembros del club (ir a *), y que se dedicara a uno de los integrantes favoritos, inmediatamente pensé en un usuario que considero pilar de este club:
, es decir, Margarita Palomino.
Ahora, ¿qué hacer para celebrar a mi querida , que no fuera escribir un discurso meramente informativo? Se me ocurrió hacerlo emulando esas gráciles historias que nos entrega día a día.
Una de las cualidades que admiro de es su libertad imaginativa, con la cual nos ofrece una visión cándida y esperanzada de la vida; así como su versatilidad, que le permite juntar la manualidad, la animación, lo teatral (al modo del teatro de títeres); pero también el discreto humor y la valoración de los materiales más sencillos y cotidianos.
Uno de los elementos que me parecen más atractivos de sus trabajos es el valor que le otorga a los colores, como podemos confirmar en los más recientes posts suyos (ver 1 y 2)
Finalmente, me gustaría destacar su permanente disposición a atender a nuestras consultas y dudas, a apoyarnos en las iniciativas, siempre con una desprendida solidaridad.
Sin conocer el funcionamiento interior del equipo de , siento a
como su alma, representando lo que Jung llamaba el ánima.