El castillo del ogro Asimet era una maravilla arquitectónica suspendida sobre un abismo. Estaba construido sobre una enorme roca situada en el borde de un acantilado, que se mantenía en pie apoyada solamente sobre tres puntos. Y así se sostenía, de manera milagrosa, con una elegancia que dejaba sin aliento a quien lo contemplara. También hacía casi inaccesible el lugar. Desde allí, Asimet dominaba las regiones circundantes gracias a su pequeña secta de nubriros, extraños seres que cazaban rayos de tormentas para soltarlos sobre aquellos pueblos que no se sometían.

