Los tiempos actuales, signados por la pandemia y sus consecuencias, también nos ocupan en relación con la política. La pandemia por Covid – 19, no sólo ha servido para desnudar al neoliberalismo en su verdadero rostro, el cual fue capaz, como quedó demostrado, de frenar la inversión en los sistemas de salud pública, entregarla a manos privadas (bajo el desgastado manto de “la eficiencia”) y, con ello, generar condiciones para que, en casos como el que hemos vivido durante todo el año 2020 y lo que va del 2021, se den situaciones de verdaderas crisis hospitalarias en países que creíamos de los más seguros del mundo en materia sanitaria, hasta que apareció el Covid – 19.
Pero, la más terrible situación es la que se vive en materia política. La pandemia ha despertado apetencias e intereses que muchos de nosotros creíamos inexistentes o, cuando menos, ocultos detrás de los gruesos telones de la real politik. Este particular escenario 20 – 21, nos dejó el sabor amargo de hechos que marcan un profundo cisma ético en el ejercicio de la política contemporánea. Cuando creíamos que el mundo (todos incluidos) se detendría a reflexionar sobre el Coronavirus, sus causas, sus consecuencia y sus alternativas de solución, vimos casos muy concretos de desconocimiento del perfil ético y moral de la política. Veamos sólo tres de ellos:
1) El resurgir de la tesis del “terror amarillo” por parte de Estados Unidos, a partir del presunto origen de la enfermedad, localizado en Wuhan (China), con el cual la nación norteña pretendió sacar provecho en su confrontación con la nación oriental. Como vimos con el transcurrir del tiempo, la estrategia de Trump resultó un fracaso rotundo y, no sólo China pudo hacer frente al Covid -19 con rendimientos altamente positivos, sino que no lograron detener su crecimiento económico y sus avances geopolíticos. Esa estrategia devela la artera forma de hacer política a partir del aprovechamiento de una situación como la que le mundo ha vivido con la enfermedad.
2) El intento por someter, a la fuerza, a Gobiernos como los de Venezuela, Cuba y Nicaragua, por parte de Estados Unidos y Europa. La permanencia de una serie de medidas unilaterales durante estos últimos 12 meses, con la única intención de utilizar la pandemia para rendir a estos tres gobiernos, es otro de los aspectos más específicos del estado de la política en el mundo. Al igual que con China, el ataque sostenido contra esos gobiernos, que pregonaba el seguro fracaso de las políticas sanitarias de los mismos ante el avance tan fuerte del Covid – 19, sufrió un descalabro. Los tres gobiernos se mantienen al día de hoy, hasta con avances significativos en sus respectivos mapas políticos. Por otra parte, la gestión que han hecho de la enfermedad, los ubican como de los primeros en el mundo en atención primaria y preventiva, cosa que dista muchísimo del panorama que algunos sectores políticos opuestos habían previsto con no poca auto satisfacción.
3) La continuidad de conflictos bélicos como los de Arabia Saudita – Yemen y Palestina – Israel. A pesar de los llamados hechos por Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, en favor de un alto al fuego para poder afrontar con mayor tranquilidad, a la terrible pandemia, por el contrario, Gobiernos como los de Israel y Arabia Saudita, recrudecieron sus ofensivas contra la población civil, incrementando el sufrimiento de miles de seres humanos que deberían, en este momento y al igual que la inmensa mayoría del mundo, atendiendo y previniendo los efectos del Covid – 19.
Como vemos, resulta de una necesidad imperativa llevar la política a su lado más humano y ético. Un mundo amenazado por cosas tan precisas como el cambio climático, requiere de sus líderes una mayor toma de conciencia. Falta mucho por hacer aún para erradicar al Covid – 19. Es indispensable que se detenga la voracidad neoliberal y el perverso cálculo que desde algunas cúpulas de poder, se hace sin pensar para nada en retornar al verdadero cauce de las relaciones entre humanos, el cauce de la Política.