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Hay días o noches en los que quiero redactar una anécdota, un poema, algún recuerdo de mi niñez o una opinión sobre algún libro, artículo o ensayo que haya leído y nada se me viene a la mente.
Pero llega la hora de que me da sueño, voy me acuesto en la cama, peleo un rato para conseguir una posición cómoda y cuando ya lo logro…
¡Aparece de la nada una idea para plasmar en el papel! Comienzo a desarrollarla en mi cerebro como si fuera en cuento para dormir y sin darme cuenta me encuentro en los brazos de Morfeo, cuando ya es de mañana la idea o ideas se esfumaron al igual que las palabras cuando se las lleva el viento, dejándome con una pequeña frustración y el pensamiento de “debí haberlo anotado”.