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Chronicles of a Latino Surviving Everyday Disaster
Every morning—out of habit—before I scroll through the news or check my phone, I pour myself a strong coffee and repeat my personal mantra: “What a mess!” And no, it’s not pessimism; it’s pure street-smart survival. The world spins too fast, and if I start tallying every unpaid bill, every distant crisis, or every red light that makes me late, I’ll end up hyperventilating on my own patio.
So I’ve adopted the phrase as a tiny stress-buster, heh. It sounds like a complaint, but it works like a balm. I let it slip when the broadband drops mid-video call with my family back in Venezuela—who inevitably reply, “The power’s gone again,” just like when I was living in Caracas—or when the neighbour blasts cumbia at full volume on a Tuesday night, or when I discover the avocado I bought yesterday has already turned to compost. “What a mess!” I murmur here in Canada, and my chest loosens just a fraction.
It’s not that I ignore how serious things are; I’ve just learned I can’t lug every planetary drama in my morning rucksack. So I breathe, straighten my jacket, and keep walking through the daily chaos with the quiet smile of someone who knows that even when life’s a proper shambles, at least it’s a shambles of our own making, seasoned with that Venezuelan humour that keeps us sane. We Latins already know: you pat the mess on the shoulder, share it on the pavement, and let it melt into that nervous chuckle over a hot cuppa.
Come and participate, there's still time. You can find all the information daily in the #Freewritehouse Community. Specifically, today's prompt post:
PROMPT: «What a mess!»

Cover of the initiative.
Dedicated to all those writers who contribute, day by day, to making our planet a better world.

Crónicas de un Latino Sobreviviendo al Desastre Cotidiano
Cada mañana —como es costumbre—, antes de abrir las noticias o revisar el teléfono, me sirvo un café cargado y repito mi mantra personal: “Menudo lío” —y no es pesimismo—, es pura supervivencia callejera. El mundo gira acelerado y, si me pongo a contabilizar cada factura pendiente, cada conflicto lejano, cada semáforo en rojo que me hace llegar tarde, termino hiperventilando en la esquina de mi propio patio.
Por eso adopté la frase como pastillita antiestrés, je, je, je. Suena a queja, pero actúa como bálsamo. La suelto cuando el internet se cae en plena videollamada cuando hablo con mis familiares en Venezuela —quienes luego me dicen: "se fue la electricidad"—, cuando vivía en Caracas y el vecino pone cumbia a todo volumen un martes por la noche, o cuando descubro que el aguacate que compré ayer ya se convirtió en abono. “What a mess!” —murmuro aquí en Canadá—, y el pecho se me afloja un poco.
No es que ignore la gravedad de las cosas; es que ya aprendí que no puedo cargar con todos los dramas del planeta en la mochila del desayuno. Así que respiro, me ajusto la chaqueta y sigo caminando entre el caos cotidiano con la sonrisa del que sabe que, aunque todo esté hecho un desastre, al menos está hecho con nuestra propia torpeza y con ese humor criollo —que traje de Venezuela— que nos salva de la locura. Pues, nosotros, los latinos, ya sabemos que el desorden se palmea en el hombro, se comparte en la vereda y se transforma en esa risa nerviosa mientras nos tomamos un café.
Ven y participa; aún estás a tiempo. Toda la información la podrás encontrar cada día en la Comunidad #Freewritehouse. Específicamente, el día de hoy, aquí la publicación del prompt:
PROMPT: LITERAL: «¡Menudo lío! / ¡tremendo lío!»

Portada de la iniciativa.
Dedicado a todos aquellos que, día a día, con su arte, hacen del mundo un lugar mejor.
