En una pequeña libreta,
olvidada en mi biblioteca,
me reencontré a mi mismo
antes de perderme en un espejismo.
Lo banal de mi alrededor,
funcionaba como mi catalizador,
centrándome en lo irrelevante,
siendo todo muy agobiante.
El camino no tenía final,
el error era algo personal,
me cegaba alcanzar la perfección
perdiéndome en esa ilusión.
Al ver mis viejos pensamientos
donde me regía por mis sentimientos,
me hizo ver mi equivocación,
ya no era el mismo en cuestión.
Escribía de las tardes con amigos
y de cuando no tenía nada en el bolsillo,
todos aquellos sueños posibles,
yo mismo los volví algo imposible.
En aquella sencillez,
estaba la alegría de mi pequeñez,
donde un abrazo me calentaba el alma,
llenando mi ambiente de calma.
Madurar nunca es una elección,
la vida lo vuelve una obligación,
pero perder toda tu esencia
es un desacierto de la consciencia.
Esa libreta olvidada representa
como olvidé quien era,
y hallarla abre un nuevo capítulo
donde quiero recuperar mis vínculos.
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Muchas gracias por leer esta líneas de inspiración, nos vemos nuevamente cuando mi alma y corazón les quiera hablar. Saludos!