Heme aquí,
Exponiéndote mis pasiones.
Un cigarrillo y centenares de pensamientos.
Ambiciono abrazarte.
Anhelo besarte.
¡Hombre acércate a mí cuanto antes! —Sollozaba ella.
Quiero desgastar las sabanas de tu habitación con nuestras pieles transpiradas por el deseo.
Me enamoré de tu cuerpo.
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Cuando la obscuridad inunda y el apetito es abrumador.
Sus resuellos y risotadas se hacen presente,
Dejando a los oidores en la incertidumbre.
— ¡Hombre que nos escuchan! —Expresó la joven.
—Pues, apreciada mía, poseo la solución— Cubriéndole la boca con sus tórridas manos.
Y ahí sucedió.
Toda la noche.
Los enardecidos jóvenes consumaron hasta el hueso.
Foto de Alexander Krivitskiy en Unsplash