Buenos días.
En el primer amanecer de este nuevo año, preñado de buenos deseos e incertidumbres por los cambios que nos anuncian las redes y medios de comunicación.
Es mi firme intención continuar con mis matinales ejercicios de escritura, compartiendo mis experiencias y visiones. Ya para mañana se reanuda la rutina cotidiana, con sus excepciones, pues no será hasta la semana que viene, que vuelva a funcionar todo en la forma habitual.
No digo normal, porque la normalidad ya no existe en este rincón del planeta. El año nuevo nos trajo lluvia, a pesar de lo cual me desperté en la madrugada agobiado de calor. Otro corte de energía, al que nos vamos acostumbrando junto a otras anormalidades.
Solo es una fantasía que con el fin del año, quedo todo en el pasado, y como quien sale de una sala de cine y se mete en la de alado, empieza a ver otra historia y se va olvidando de la anterior.
Afortunadamente, mi memoria selectiva guarda más momentos felices que tristes y a veces hasta los borra, lo cual no es tan positivo como pudiera parecer, pues son los golpes los que nos hacen y moldean en lo que somos.
Me da la impresión de que estoy divagando más de lo acostumbrado, le echaré la culpa a la virosis que, aunque ya paso, el malestar inicial, me ha dejado las amígdalas inflamadas y la nariz mocosa. Interfiriendo con el natural proceso del pensamiento que se supone sucede un poco por encima en la misma cabeza. Causa de tantas incoherencias.
Mejor decir de una vez. Hasta mañana.