Buenos días.
Salud, paz y bienestar a cuantos lean mis divagaciones, hoy los invito a la reflexión y quizás a acompañarme en una plegaria.
Padre eterno que habitas sobre la bóveda celeste, anciano de días. Gracias por el pan y cuanta necesidad satisfaces con bondad inmerecida, nuevamente gracias.
Hoy extiendo mi mano queriendo asir tu dedo, como el abuelo Adán. Santo entre lo más santo, enséñame a aceptar tu voluntad.
A perdonar no llego aún a aprender, dame otra oportunidad.
Ante la tentación, dame voluntad para resistir y, si es tu voluntad, libranos del mal.
Una vez más gracias por escuchar y cuidar de hijos y hermanos.
Amén.
´´Amaras a tu prójimo como a ti mismo y al Altísimo sobre todo lo demás´´
En esta sola frase aseguran que se resume toda la Ley y cuanta palabra escribieron los profetas.
El mundo ciego y sordo se envuelve de miedo, envidia y odio, mientras busco la imagen que llame tu atención sin escandalizar o que me tildes de idolatría.
Fuente
Cuenta una leyenda de Jerusalén que a la sombra
de estos olivos, llega con frecuencia una ambulancia para llevarse a un hombre de edad imprecisa que si habla contigo, te cuenta una historia increíble. Nunca te dice su nombre, los sanitarios le llaman Lázaro y el aguador te dirá que es el judío errante.
Ararat, camino de Damasco, La Meca, Lhasa, Lumbini, Calcuta, Santiago, Sinaí, Jordan, Jerusalén. Lugares santos.
¿Piedras, aguas, arenas, Templos para el que contiene a todos?
Corazones pensar, mentes aquieten sus anhelos.
¡Seis días descansarás y uno trabajarás para tu Señor!
¿No es así, verdad? Escrito está y se queda, medita.
Hasta mañana, El sí quiere.