Con todo dispuesto, se dispuso para el ensamblaje final. Mezclados los delicados ingredientes con precisión y esperar 24 horas para completar su integración e iniciar la primera reacción.
Separadas con esmero y precisión, coloco cada porción en su cilíndrico contenedor, 24 horas más de espera para alcanzar la masa crítica, no alterada por cambios de temperatura o humedad.
En el tercer día, vería el resultado del arduo trabajo. Todo a punto.
Con el horno a la temperatura exacta y delicadeza del artista que encerraba su ciencia, coloco en su interior los cilindros en orden preciso y con la separación necesaria para afectar ni la temperatura, ni la cocción en el tiempo determinado.
Sacados del horno y una vez totalmente fríos y reposados.
Empacados en sus cajas, listos para su destino, están los Panettones.