Fuente
Las curiosidades del Caribe
Dentro suyo habían varias postales. Eran playas y ciudades costeras alrededor del mundo. Muy coloridas imágenes que daban a conocer toda la belleza que tiene la Tierra:
Playa Kuta, Indonesia
Malé, Islas Maldivas.
Ciudad del Cabo, Sudáfrica.
Islas Canarias, España
Playa Castara, Trinidad y Tobago
Bahía Montego, Jamaica
Playa de cerdos, Bahamas.
Esta última postal me hizo decir: ¡wow! Mira, cuántos cerdos disfrutando de una playa tan paradisíaca. ¿Cómo es esto posible? Además, esta postal era particular porque, a diferencia del resto, tenía varios papeles pegados detrás. Me interesé tanto en leerlos, que me olvidé de las otras postales y hasta del mismo libro.
- 18 de diciembre, 1997
¡Vaya que la Navidad llegó antes! Vine yo a parar de carambola en las Bahamas y a descubrir que tienen una playa llena de cerdos juguetones. Definitivamente no son los peces caribeños que andaba por estudiar, pero esto sí que mis colegas se lo van a gozar.
La gente en las Bahamas es muy amigable con los turistas. Desde que llegué, no han parado de preguntarme qué deseo al momento, si me siento cómodo o si quiero conocer algún sitio popular. Ha sido tan bueno, el trato, que decidí no seguir hasta mi última parada en los cayos de Florida, sino quedarme aquí.
Entre todo lo que me han dicho los bahameños, me interesó lo que comenté más arriba: una playa donde se bañan los cerdos. ¿Usarán bikini las cerditas? Vamos a ver qué pasa mañana cuando me lleven a mí, y a mi gran amigo, Viktor, quien ya viene en camino, hacia donde estoy.
- 20 de diciembre de 1997
El Sol aquí en el Caribe puede derretirte. Menos mal Viktor es un hombre preparado para toda ocasión y trajo un excelente bloqueador solar e infinitos litros de agua de coco. Si fuese por mi, ya estuviésemos color naranja y desahuciados por más atención que recibiéramos.
Salimos del puerto a mitad de la mañana hacia el cayo Big Major, lugar donde se encuentra la susodicha playa de los cerdos. Me sentía muy curioso, sobre todo porque los pescadores bahameños que nos llevaron nos contaron los porcinos aparecieron allí hace algunos años, pero sin nadie saber exactamente cómo. Viktor bromeaba diciendo que los ovnis se equivocaron de conejillo de indias.
Pero, adivinen qué: los conejillos fuimos él y yo. Ja, ja, fuimos unos idiotas. Esos desgraciados pescadores nos llevaron con cautela la conversación, hasta que lejos del puerto nos amenazaron con pistolas. Nos pedían millones de dolares, que obviamente unos pobres ictiólogos como nosotros, no teníamos. Quizás escucharon que veníamos viajando desde Asia, y por eso de frotaron las manos. ¿Acaso sabrán de las organizaciones o instituciones científicas?
Al no ceder a su insistencia, la situación se puso más tensa. De no ser porque Viktor aprendió artes marciales cuando joven, quién sabe qué sería de nosotros. ¡Ah, vaya película! Viktor parecía Jackie Chan patiándoles el trasero a esos tipos. La manera en las que los inmovilizó con todo y arma, me hizo querer aprender artes marciales a mis 58 años.
Los dejamos a ellos flotando a su suerte mientras Viktor tomó el manejo del bote. Sin duda queríamos nadar entre cerdos. ¿Cuántos ictiólogos podrían tener esa suerte? Finalmente llegamos. No hubo necesidad de buscarlos mucho porque ellos vinieron hacia el bote buscando comida entre un coro de "oink-oink". Fue tan gracioso y encantador que le dimos toda la comida. Yo me excedí un poco: casi les doy una mano. No podría imaginarme dándole semejante regalo de Navidad a mi esposa al volver a Bruselas: "Mira, amor, Santa te trajo un esposo mocho."
En fin, luego de anotar algunas cosas sobre el comportamiento de los cerdos, nos tomamos muchas fotos. De ahí, esta hermosa postal para el recuerdo.
Yo miré a uno y a otro lado en la biblioteca después de leer esta locura, como buscando explicación, aun cuando no le pregunté a nadie al respecto. Coloqué el libro de donde lo tomé y me dije: "tengo que visitar las Bahamas"