Buenaventurado Hijo del Altísimo...
Ante tu llegada grata e inminente,
un soneto he bien querido escribirte
para con regocijo recibirte
en este poema llano y decente.
Dios, sea tu bendito nacimiento
para el mundo de infinito provecho.
Santo niño, es tu sagrado amor, de hecho,
lo que nos salvará en todo momento.
Esparce pronto la luz de Belén
por doquier, para que al fin las criaturas
que hoy sufren de la vileza global
puedan hallar paz en un santiamén
bajo el manto puro de las alturas.
Amén ¡Hágase tu entrada triunfal!