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"¡Hola, querida comunidad de Freewriters! Hoy no vengo a traerles una historia planificada, sino un sentimiento que me asaltó de repente. A veces, los mejores mensajes nos encuentran en los lugares menos pensados te invito a leer esta reflexión.
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Ayer fui al trabajo de mi esposo a buscar unas cosas y lo que encontré me dejó impactada. El lugar estaba sumergido en el caos de una mudanza: el ruido de los camiones, bultos de cemento apilados y ese polvo gris que parece asfixiarlo todo. Pero allÃ, en medio de ese escenario tan seco, estaba ella: una bromelia estallando en color.
Me quedé sorprendida observándola y, al detallarla y estudiarla, entendà que ella vive de un equilibrio asombroso que nosotros también compartimos.
Por un lado, están sus raÃces. Ella se aferra al suelo, a lo terrenal, para sostenerse. Nosotros somos iguales. Nuestras raÃces son nuestras vivencias diarias, Nos nutrimos de lo que nos rodea: del abrazo apretado de nuestros seres queridos, de esas risas espontáneas que nos reinician el alma, y de la energÃa mágica de nuestros hijos que nos enseñan a ver el mundo con ojos nuevos cada mañana.
Nos alimentamos del amor que damos y recibimos, de la lealtad de los amigos y de esos momentos pequeños, pero gigantes en nuestros corazones que no se cuentan solo se viven.
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Cuando me detuve a mirarla más de cerca recordé algo fundamental sobre su naturaleza y su cuidado. La bromelia tiene una forma de copa en su centro; ella necesita que esa copa esté llena de agua para poder nutrirse y mantener ese fucsia tan vibrante. Si ese centro se seca, la planta pierde su brillo y su fuerza. No le basta con lo que hay en el suelo; necesita llenarse desde arriba.
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Y ahÃ, en medio de ese galpón lleno de escombros, entendà que nosotros somos exactamente iguales.
Siempre vamos caminando por la vida de lo cotidiano como esa mudanza: cargando cajas pesadas, llenos de preocupaciones y rodeados del "cemento" de los problemas diarios que nos quieren volver grises. Intentamos sacar fuerzas de donde no las hay, tratando de que nuestras propias raÃces nos sostengan, pero terminamos agotados totalmente. Se nos olvida que, como la bromelia, tenemos un vacÃo en el centro que no se llena con nada de este mundo.
Esa planta me hizo pensar que Dios es nuestra agua. Nosotros necesitamos que Él sea quien llene nuestro centro para poder brillar en medio de cualquier desorden. Sin esa agua espiritual, nos volvemos tan grises como el cemento que rodeaba a la planta. Pero cuando permitimos que Dios lo llene todo, ocurre el milagro: podemos estar en el lugar más difÃcil, en la situación más pesada o en el dÃa más oscuro, y aun asà nuestro "fucsia" seguirá encendido.
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La bromelia no brilla porque el lugar sea bonito; brilla porque está nutrida desde su corazón.
Al final del dÃa, la bromelia se quedó allÃ, en aquel rincón del trabajo de mi esposo, pero su lección se vino conmigo a casa.
Gracias por acompañarme en esta reflexión que nació de un encuentro inesperado. Espero que, al igual que a mÃ, estas palabras te ayuden a proteger tu color y a valorar cada gota de amor que recibes del suelo y del cielo.
¡Mantén tu copa llena y tu centro encendido! Nos leemos en la próxima publicación.
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Todas las imágenes presentadas en esta publicación son de mi autorÃa, capturadas con mi lente para retratar la belleza en lo cotidiano.
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