Te propongo
saltar al vacío
con los ojos cerrados,
sin miedo, sin prisa,
sin expectativas necias,
ni minutos inoportunos,
que sesguen la pasión,
esa que tenemos escondida de la gente,
y que nos consume por dentro.
Calculemos,
cuanta distancia nos alejará
ese salto del destino previo,
y cuanto nos ahorrará en lamentos
innecesarios, dolientes,
que dejarían cicatrices,
y acabarían nuestras fuerzas.
No importa si las matemáticas nos fallan,
si la cantidad de lágrimas no resulta
proporcional a los gritos de dolor,
cifras mas, cifras menos,
lo que importa es que eso quede en el pasado.
Tengo un plan asombroso
que te puede gustar,
atrapar los suspiros y guardarlos
en pequeñas cajas,
y adivinar,
cual es su color antes de revisarlos,
relatar a ellos nuestras tristezas,
y luego liberarlos,
te aseguro que se llevarán lejos
esas congojas para que las devore
el envidioso destino.
Pero dime antes,
¿Qué propones tu?
deseo conocer tus impresiones
de las experiencias de tus últimos años,
dime, ¿Cómo tomar un atajo a tu alma?
para aplicar unas banditas si hay heridas,
acariciar tu memoria
si hay ardores del pasado
lastimando tu pecho.
Si lo prefieres,
puedes guardar silencio,
no se trata de un diálogo fugaz,
a veces, es mejor que se comuniquen
los ojos,
o que la respiración modere el debate,
o la plática la dominen
las caricias con su eficaz resultado,
al que llaman amor.
A fin de cuentas,
propongamos los dos...