Cuando mi terapeuta me preguntó sobre mi infancia lo primero que le conté fue sobre las multas. Por alguna extraña razón fue lo primero que recordé. Le dije que de niño, en casa teníamos un acuerdo, un sistema de multas para quienes rompieran las reglas del hogar: los niños pagaban la multa quedandose sin postre y quizá sin ir al parque, eran pequeños castigos; al crecer un poco más, tenías opciones, podías pagar la multa con dinero. Y es que aunque suene extraño había un tarifario según la infracción, así que podías ahorrar tu mesada y tener un fondo para emergencias o pedir a alguien de casa que pagará la multa por ti a cambio de hacer alguna tarea. Por un instante me pareció ver una mueca en su cara, pero su aspecto se volvió neutral enseguida. Le conté que no era un sistema perfecto, pero nos mantenía a todos cumpliendo las reglas, a todos menos a mí.
Recuerdo haber reunido todo el dinero que me daban mis abuelos y mis tíos, incluso haber hecho algunas tareas extras por propina, tan solos para lograr que me dejarán faltar a clases un día. No se lo esperaban y yo tenía solo 7 años, así que me lo permitieron y yo pagué la multa, que era de las más altas. Pero, algo cambió ese día porque mis abuelos dejaron de darme dinero para golosinas.
Aunque las cosas habían cambiado seguían dandome algo de dinero, pues mis padres querían que aprendiera el valor del dinero, pero yo ahorraba cada centavo pensando en las cosas que podría hacer si reunía lo suficiente para pagar el precio. Empecé a guardar los dulces que me daban mis abuelos y los vendía a mis compañeros en la escuela. Mis padres ni se imaginaban que yo estaba reuniendo para una gran travesura.
Mi terapeuta me miraba con atención mientras que yo viajaba por mis recuerdos, lo ví tomar algunas notas con su expresión neutral y tranquila. Yo no estaba ahí por convicción y él lo sabía, yo estaba ahí porque mi esposa decía que tenía problemas de control de ira y aunque yo no lo creía, pues solo había perdido el control en un par de ocasiones, igual estaba ahí por ella.
Así fue como le conté que para cuando cumplí 9 años tenía reunida una buena cantidad y justo se presentó la oportunidad que estaba esperando. Había una feria, un parque de atracciones con montaña rusa y muchos otros juegos que a mamá no le gustaban. Había pedido ir el año anterior y me habían llevado, pero mis padres no me dejaron subirme a nada divertido. Así que decidí ir solo y me escapé después de clases. Pasé la tarde en la feria, subiendo a todas las atracciones que pude y cuando me estaba bajando de uno de los juegos fui interceptado por mi padre. Le dije de inmediato que podía pagar la multa, eso pareció endurecerlo más, entonces me dijo: "¡Al diablo las multas! Casi matas a tu madre del susto y estarás castigado hasta que entiendas la gravedad de lo que has hecho". Cuando llegamos a casa mi padre me dió una paliza. Ese día cambiaron todas las reglas en casa, recuerdo la cara de papá cuando me dijo que de ahí en adelante habrían verdaderas consecuencias.
Imágenes de mi autoría, tomadas con teléfono Redmi 9a y editadas en Snapseed.