El calor me tiene el cerebro apagado, me resulta muy difícil escribir un poema o una historia porque siento el cerebro embotado y aturdido, al punto que me cuesta pensar. Empiezo a escribir algo y me pierdo en divagaciones, me extiendo en detalles que me llevan a un laberinto. Así que busqué el fresco del jardín y me puse a observar las plantas de mi , esas que cuida con tanto amor cada día, y entre ellas encontré la sorpresa de una flor. Lo más hermoso es saber que es la primera vez que esa planta florece.
Esa pequeñísima flor, en medio de tantas espinas, me hizo pensar en eso hermoso que resguardamos detrás de nuestras armaduras, en eso delicado y frágil que protegemos del mundo. En la esperanza.
Quise captar esa hermosa flor, con la cámara de mi teléfono y compartir ese momento especial, con ustedes. El color y la calidez de una flor nos alegra con la promesa y el recordatorio de que la vida continua a pesar de las sequías, las tormentas y los días malos.
No ví más capullos en esa plantita, pero eso no significa que no estuvieran por ahí escondidos entre las espinas, creciendo poco a poco y reuniendo fuerzas para muy pronto mostrarse al mundo con todo su esplendor.
Así debemos ser algunas veces: tomar refugio detrás de nuestras detras armaduras, de nuestras murallas, pero no para escondernos sino para fortalecernos y más tarde florecer.
Espero que disfrutarán de las fotografías y por ahora me despido, mientras espero que el fresco de la noche calme el agobio de mi cerebro y me dejé salir de los laberintos para poder encontrar el camino a mis historias.
Imágenes de mi autoría tomadas con teléfono Motorola Edge 30 Neo y editadas en Snapseed.