Por Ismael Rodriguez.
La semana había sido muy ajetreada para la familia Rincón.
Tras muchos golpes y circunstancias difíciles en su país, y el abandono de uno de los padres, la vida suele ponerse cuesta arriba en algunas ocasiones.
Para Ronald el único hijo, la situación era un poco peor.
Con solo 7 años, ya era la tercera vez que abandonaba a los amigos que había hecho, y los que tanto le había costado hacer, especialmente por su pequeña discapacidad.
De hecho, esta era la tercera vez que se mudaban de un sitio a otro, pero en esta ocasión, junto a su madre Karen, se mudaban a un país desconocido, pero conocido por devorar a las almas nobles e inocentes.
De todos modos, las fuerzas para luchar era algo que distinguían a ambos, por lo que esto no supondría grandes cambios para ellos.
El primer día de escuela de Ronald debía ser en teoría el mejor, aunque las cosas pintaron un poco diferente, y eso se notó al llegar a casa.
—Mamá, ¿por qué nos pasan tantas cosas malas? ¿por qué los niños de acá son malos? —
Cabizbajo y triste hacía el pequeño, casi que con el corazón destrozado a su madre.
Su primer día de escuela no parecía haber sido el mejor, por lo que importunaba a Karen con una pregunta jamás antes hecha.
Quizás el cambio le había afectado el estado de ánimo, aún así, a su madre le parecía muy extraño la pregunta planteada.
—Ronald, ¿Qué pasa mi pequeño, como te fue en la escuela, hay algo de lo que quieras conversar? —
—Mamá, pero respóndeme, ¿los niños de acá son malos? —
—No Ronald, los niños no son malos, ¿pero porque dices eso? —
Gotas de un corazón quebrantado brotaban desde lo profundo del corazón del pequeño, y vestían sus mejillas de una pena que no merecía.
—Mamá— sollozaba Ronald— ¿por qué papá nos abandonó? —
La intriga de Karen hizo que también su alma se sintiera rasgada en 2, pues estos acontecimientos no habían hecho más que llorara por las noches desconsoladamente.
—Ronald mi amor, tu papi no nos abandonó, el solo se ha tomado un descanso por la presión que está viviendo. —
—Pero mamá, ¿por qué no descansa con nosotros?, una vez me dijiste que uno no se aleja de las personas a quién ama, y nosotros somos su familia, ¿entonces porqué no vino con nosotros? —
El dolor temporal que le causaba perder a quién amó por tantos años, no se asemejaba al que le causaban los fuertes golpes que le propinaba, sin contar el maltrato emocional que doblego a Karen en infinidades de ocasiones.
—Yo te amo hijo, y por eso estoy acá contigo, pues era la luz de mis ojos, eres mi sol de la mañana que ilumina mi corazón, y eres la estrella que más brilla en mi cielo. ¿ves cuánto te amo mi campeón? Me gustaría responderte algunas cosas, pero hay muchas de ellas que por ahora no vas a entender mi pequeño, pero estoy segura que pronto será posible, y cuando ese momento llegue, estaré allí junto a ti. —
La sonrisa que genuinamente brotaba de Ronald, lo hacía sentir seguro donde quiera que estuviera, solo si estaba con su madre, pero una sonrisa que se disipó repentinamente, mientras recordaba su día en la escuela.
—¿Qué sucede mi sol? ¿Ha pasado algo en la escuela, algo en lo que creas que pueda ayudarte? —
Su mirada pronto bajo al piso, mientras las lágrimas goteaban una por una, representando el sentimiento que lo embargaba.
—Mami, ¿por qué tuve que nacer enfermo? ¿por qué no nací como los otros niños normales? —
Karen se las ingeniaba para poder dar una respuesta que calmara seguramente el temor de su amado hijo, quién no tenía la culpa de nada de lo que estaba sufriendo.
—A ver. ¿cuenta cuantos dedos tienes, tanto en las manos como en tus pies? — respondía.
—Tengo 20 mamá. —
—Muy bien, y los niños que conociste hoy, ¿te fijaste cuantos dedos tienen hijo? —
—Creo que todos también tenían 20 mami. —
—Ok mi amor, en ese caso, no hay mucha diferencia entre ellos y tu ¿no? Pero, ¿te fijaste si algunos de ellos tenían 3 piernas cielo? —
La risa de un inocente no tiene comparación, y había una que brotaba con tanta sinceridad de Ronald, que poco a poco se le iba pasando el recuerdo del mal día que había vivido.
—NO mamá, eso sería muy extraño, sería como un pulpo si así fuera— Respondió sonriendo Ronald.
—Ok hijo, así que, en ese caso, tampoco hay nada diferente entre tus compañeros y tu ¿no es verdad? —
Trataba de dar Karen con la incógnita que aún no había sido revelada por el pequeño, y que quizás era la base de la pregunta del por qué, había nacido enfermo o diferente a los demás.
—No mamá. — Respondía Ronald con una pequeña sonrisa.
—Muy bien mi corazón de melocotón. En ese caso, no hay nada que haga diferencia entre tu y tus compañeros, pero a ver, ¿viste a algún compañero con 2 cerebros hoy? —
Una carcajada reboto por toda la casa de parte de Ronald, que casi se orinaba al escuchar la ocurrencia de su madre.
—Por Dios mamá, nadie ha visto a alguna persona con 2 cerebros, eso sería muy extraño. —
Ambos rieron sin parar, hasta que en sus corazones se sentía una paz genuina que les hacía olvidar las penas que estaban viviendo hasta ese entonces.
–En ese caso mi amor, ¿ves que no hay nada diferente entre tu y tus compañeros? Todos son iguales a ti, aunque tengas una pequeña dificultad, no significa que no valgas nada, o seas menos importante que el resto. ¿No crees? —
Asentía cabizbajo Ronald, quién decidía a contarle a su madre lo que había sucedido.
—Mami, cuando legue a la escuela, un niño se fijó en mí, y notó que tengo un ojito de vidrio. Quise explicarle porque es así, pero se burló de mi con sus amigos. Me preguntó que, si era un pirata, que por qué no tenia mi parche y un lorito a mi hombro. Eso me dolió mucho, pues mis amigos en Perú no hubiesen hecho eso.
Y, además, un niño me dijo que por qué cojeaba, que donde estaba mi bastón, y eso me hizo sentir muy triste. —
Nuevamente de desmoronó el corazón de Karen, recordando quizás que algunos de los golpes recibido por el padre de Ronald, había hecho que estas dificultades estuvieran en él.
—¿Recuerdas la vez que jugamos a los piratas del caribe? —
—¡Si mamá! Creo que deberíamos volver a jugarlo, fue un día excepcional. Aunque en este caso no estaría papa. —
—Pues sí, en ese caso, ¿sabes quién haría el papel del pirata más temible de todos los tiempos? –
–¡Siiii! Gritó eufórico Ronald emocionado. Mientras desenfundaba una espada invisible y se imaginaba montado en el barco.
—Esta bien mi pequeño. ¿Recuerda que yo siempre estaré a tu lado apoyándote, está bien? Y recuerda que no eres diferente, eres especial, y muy importante para mí. Que nada haga doblegar a mi campeón. ¿Está bien? –
Volvía la sonrisa y las mejillas sonrojadas en el corazón de un noble, uno que era calmada por el amor infinito de su madre , mientras olvidaba las dificultades vividas en ese día.