Acudo al reciente llamado del Club de Poesía (ver aquí), organizado por , con este ejercicio poético de tono filosófico.
Castillo interior,
diría la santa de Ávila,
es nuestra alma.
Ella habita en el cuerpo,
no es un fantasma ni un eón.
Se nutre de él,
lo mueve y le da hálito,
como la savia al árbol.
Somos ocupantes de alma y cuerpo,
ocupados también.
Nos hacemos en ellos
como uno y múltiple,
de sus pasiones y vacíos,
de sus cifras y símbolos.
Y queremos hablarlos.
Por eso el lenguaje,
diría el filósofo-poeta,
es la morada del ser.
Gracias por su lectura.
Gracias por su lectura.
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