Estas cobrándome estas palabras...
Hola, no sé si recuerdes lo nuestro...
pero siento en la necesidad de escribirte
porque un cheetah hasta que muera dejará de perseguirte.
Ayer visité el lugar en donde se juntaron nuestros caminos
y solo encontré tus susurros en forma de migración de estorninos.
Éramos como un toque de queda
cruzamos cuerpos en habitaciones a todo horario
Y si para ti soy un cero a la izquierda
escríbeme un "gracias por todo" en código binario
Pasaste de amarme a odiarme como un Lunes.
Todavía recuerdo ese Martes Trece en donde nació el fruto de la añoranza
y cuando incineré nuestra relación, con las cenizas compuse el día: Miércoles.
También rescaté la gracia de nuestras acciones en la intimidad en épocas de Navidad. De ahí nació el Jueves.
Decayendo como el precio de un objeto en Black Friday.
Por los Sábados que escribí esto y sentí tantas rebajas que compuse mi "Gloomy Sunday."
Espero que esta carta quede como tus besos: anestesiados
y los últimos días sabía que lo nuestro era como un sueño lúcido.
De hecho estaba deseando algo que ya se había esfumado
era un satánico ciego en un baño público.
Antes solo a ti te contaba mis filosofías y enseñanzas
ahora se las cuento a un bicho que se hace llamar Gregorio Samsa.
Reproduciendo las palabras que cortaron como azulejos;
no tenía nada, me sentí como Drácula en la casa de los espejos.
Solo pensé en las metas, y quedaron inconclusas
ni siquiera las empezamos, se esfumaron como un fénix.
Era un juego de ajedrez, derribaste al débil
y mi partida quedó muerta como Pennywise conociendo a Daredevil.
Cuelgas ese teléfono y recibes otra llamada
y era como cocaína, porque esa línea la cortabas. Era yo, quería decirte que te amaba.
Me pregunta ¿qué te costaba?
En el balance producías un maltrato
como un equilibrista afeitandose los bigotes de gato.
Estaba escribiendo "Anabel Lee" y se me disolvió el estribillo
Éramos camino, caminata, destino, castillo.
Estábamos unidos por un hilo, obediente como lazarillo
pero te creías Edgar Allan Poe y pusiste el collar de regalo entre el gatillo.
Nuestras almas creaban la Nova, éramos metafísica
y al escuchar tus llantos de placer era mi meta física.
Hasta el reloj de arena contó el momento que debía llegar
dolió, como ver a un niño en la coladera y que te diga "me gusta el mar".
Hubo una época donde te escribía a diario
comencé a sospechar que eras mi vicio literario.
Hasta aquí esta carta, lo siento...
es que el sol se acaba de asomar.
Nos leeremos en un futuro. Esta obra es para aquel que percibe el aroma de la tinta y reconoce la maldad y la bondad de la vida y decide plasmarla ante el folio.