Día para dormir.
La lluvia permanece incesante,
bañando todo en niebla,
empañando los cristales de las ventanas,
congelando el interior de mi casa,
y yo, que estoy en sábanas,
solo deseo dormitar toda la tarde.
Mi perrita acostada a mi lado,
me proporciona una buena excusa,
pues su estado imperturbable,
no quiero ser yo quien lo arruine.
Los minutos pasan inalterablemente,
pero mi deseo de levantarme
se esfuma con el paso del minutero,
me dejo llevar por mis impulsos
y dejó que Morfeo gané la batalla,
hunidiéndome en un sueño profundo.
Algunas horas después,
la noche me recibe irremediablemente,
la luz del sol ya ha dicho adiós
y ni el hambre es capaz de moverme.
La medianoche me trae otra vez,
decido ser un humano medio funcional
como algo no muy nutritivo
y sacó a pasear a mi acompañante,
para cuando vuelvo a la casa
vuelvo a la cama pese a las tareas pendientes.