Foto de Ben Hershey en Unsplash
Tu presencia iluminaba todo en mi, cuando apenas llegabas a donde yo estuviera. Sentía como la adrenalina se apoderaba de mi ser, y era una sensación tan agradable, que ya se me estaba convirtiendo en una adicción.
No quería dejar de sentirla, por lo que cada vez esperaba con ansias que pasaras cerca, porque con tan solo verte, yo ta tenía suficiente, y si llegabas a rozarme con tus dedos, podía llegar al cielo en un segundo.
Pero tus silencios empezaron a pesar más que mi adrenalina, y la tensión dentro de mi corazón, aumentaba con el paso de los días.
Como cualquier adicción, el efecto momentáneo se desvanecía dando paso al dolor y el llanto, aunque no lloraba con lágrimas, pero mi cuerpo sentía una tristeza imposible al no tener lo que deseaba.
Yo había cruzado la línea invisible que dividía tu mundo y el mio. Ya no era suficiente la adrenalina, mi corazón se replegó en si mismo y prefirió salvarse.
Y al darte cuenta, quisiste atravesar las líneas de alta tensión con tu mano, para evitar que me fuera, pero ya era tarde, una descarga final terminó de raíz lo que pudo haber sido entre nosotros.