Me volví adicta a la tranquilidad, a la libertad, a la paz y a la soledad buscada, a no tener que dar explicaciones a nadie, a ser feliz, sin nadie.
Me volví adicta a regalarme el tiempo y espacio que deseé a mi misma, a no mendigar atención y cariño, a no regalar a cualquiera la oportunidad de entrar en mi mundo, en mi mente o en mi corazón, a disfrutar de los días de lluvia y de sol.
Me volví adicta a brillar con luz propia, a valerme por mí misma, a olvidarme del calendario.
A veces una cree necesitar compañía, cuando en el fondo, estar sola es lo que realmente se quiere.