Muchas almas caminan con el peso del mundo, sobreviven entre prisas, tristezas y afanes, esperando que algún día en algún lugar, la felicidad toque su puerta con regalos dorados.
Pero la vida no es una promesa lejana.
La vida es este instante, es el café caliente en la mañana, la risa que estalla sin razón, el abrazo que no cuesta nada.
No esperes la casa, el viaje, el triunfo.
La felicidad no vive en lo que falta, vive en lo que ya tenemos y en la paz de seguir soñando sin perder el alma.
Porque quien junta cosas y no momentos, termina con las manos llenas, pero con el corazón vacío.