En Azeroth, en tierras lejanas,
donde la magia y la guerra se entrelazan.
Se forjó una historia, épica y sin igual,
Warcraft III, un cuento que hoy vengo a relatar.
Arthas, príncipe de Lordaeron, valiente y audaz,
se vio tentado por la oscuridad que acechaba en su paz.
En la Plaga de los Muertos, halló su destino,
una senda sombría, un camino divino.
Con Frostmourne, espada maldita, su alma se perdió,
y Lordaeron, su reino, en la sombra quedó.
El flagelo se alzaba, imparable y feroz,
mientras el valiente Arthas caía en la vorágine atroz.
En la Alianza y la Horda, la lucha se gestaba,
mientras las sombras del Caos sobre ellos acechaban.
Jaina y Thrall, líderes de un destino entrelazado,
enfrentaron desafíos, unidos por un lazo sagrado.
Los Night Elves, Elfos de la Noche, en Kalimdor luchaban,
contra la Legión Ardiente, que su tierra amenazaba.
Malfurion y Tyrande, guardianes de la esperanza,
desafiaron la oscuridad, en una danza sin bonanza.
En este tejido de mitos y de traiciones,
se entrelazan corazones, se enfrentan naciones.
Entre héroes y villanos, se forja la leyenda,
de Warcraft III, una epopeya que nunca se olvida.
Y en el trono congelado, Arthas, el Rey Lich,
con un ejército de no-muertos, su poder enriqueció.
Pero incluso en la más oscura de las noches,
la esperanza florece, con valientes y nobles brotes.
Así, en este poema, Warcraft III vive,
un relato que en el corazón persiste.
De batallas, de magia, de héroes y traición,
una epopeya que perdura en la memoria, con devoción.
Poema original de propia autoría, la imagen fue realizada en canva.com utilizando
https://www.deviantart.com/makintosh91/art/Warcraft-III-Logo-143245457 como logo y
https://imgur.com/arWFXdi como fondo.