Frente a este azul infinito
con lágrimas, sudor y sangre
hedor a trágica muerte...
En una mano la daga
goteando la roja savia
mientras la otra extiende
con la mirada extraviada,
el mar de sus ojos brota.
Llora el verdugo,
sin sentirse culpable,
aún cuando ha dejado
a un ser sin su sustento
y a un alma sin aliento.
Olor a sal,
a sangre fémina;
acaba una vida
e inicia un tormento ...
Silencio antes de nacer, silencio después de la muerte; la vida es puro ruido entre dos insondables silencios. Isabel Allende
Está es mi participación de está semana en el Club de Poesía de , siguiendo la última estrofa de