La profecía de la caída de la URSS
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En mis días de estudiante, como seguramente escucharon otros de mi generación en Cuba, se repetía mucho una idea bastante increíble, se hablaba del socialismo irreversible.
Por supuesto, esa idea venía desde mucho antes, y lamentablemente también siguió existiendo después, como si de verdad algo que desafíe la dialéctica normal del desarrollo social pudiera legislarse.
El socialismo es un proceso irreversible, clamaban los sabios, por lo visto sin tener en cuenta la naturaleza humana, y las dificultades encontradas en la práctica a la hora de crear ese nuevo hombre imprescindible según la teoría, y a la hora de dirigir la economía de forma planificada sin un mercado donde los precios sirvieran de señales.
Nota: En un artículo titulado El Cálculo Económico en la Comunidad Socialista, Ludwig Von Mises analiza esas dificultades en una economía planificada donde se ha abolido la propiedad privada y el mercado.
Los seres humanos se empeñaban en mantener su egoísmo innato, es posible proveniente de su instinto de conservación, y eso afectaba incluso a los líderes del mundo socialista, puesto según parece por los hechos acaecidos, solían ser corruptos, y hasta ellos seguían teniendo una mentalidad más propia del capitalismo.
Por otro lado, la ausencia de un mercado y de señales de precios con frecuencia impedía hacer las inversiones en los sectores más recomendables, y en parte por eso se invertían enormes recursos donde en realidad no hacían tanta falta, y se descuidaban otras ramas de la economía con lo cual esta se retrasaba o se impedía su desarrollo y se creaba escasez crónica.
En tanto se les pedía a las masas trabajadoras sacrificios por un futuro luminoso, a la vez se descuidaba la necesidad de estimular en los individuos una elevada consciencia, esos mismos líderes de los países socialistas se desviaban del modelo de comportamiento esperado y vivían como magnates inamovibles; dicha conciencia elevada no se desarrolla por sí sola si no se lo hace de un modo premeditado, por un lado creando las condiciones propicias en la sociedad para lograr reducir la importancia de acumular posesiones, y estimulando la participación en la dirección y el gobierno, y por otro dando a los trabajadores un digno ejemplo a seguir en la persona de los dirigentes.
En resumen, por lo visto en teoría la tendencia debía consistir en que del sistema capitalista se fueran desgajando de modo automático cada vez más y más países, los cuales, como podemos imaginar, sólo podrían abrazar la senda del socialismo, sin embargo, a pesar de todo lo dicho por los sabios teóricos, basados, es cierto, en una interpretación más o menos acomodada del marxismo, la práctica no condujo a las sociedades humanas por esa "inevitable" vía (con frecuencia llamada Progreso), y toda esa idea de la irreversibilidad de un régimen social terminó no pasando de ser un mero delirio.
En todo caso, es preciso comentarlo, si bien resultaba por completo irreal la farsa de la irreversibilidad de un sistema socio-político determinado, porque nada es eterno, sí se podía llegar a confundirse en cuanto a predecir la durabilidad del socialismo en ciertos países; y así, casi nadie pudo predecir la caída del socialismo y la desintegración de la Unión Soviética, puesto hasta principios de los años setenta del siglo XX, la economía soviética iba bien por lo menos en apariencia, y como ahora sucede con otras, crecía a un ritmo acelerado.
El país soviético, un país que se vio devastado una y otra vez, y que logró levantarse en cada ocasión mucho más fuerte (entre los marxistas existe la tendencia a reducirlo todo a la economía incluso cuando el propio Marx luchó contra eso en su momento), no iba a desaparecer así como así. En los años setenta hasta los analistas de la CIA se pronunciaban por la creciente estabilidad del sistema socialista tanto en la URSS como en toda Europa del Este, y siguieron pensando igual en los años ochenta, aun conociendo del descontento de parte de la población (¿dónde no existe?). Pero la condenada práctica tampoco tardó mucho en demostrarles a ellos que en cuanto a los destinos de las sociedades humanas se refiere, así como pasa con la bolsa de valores y la economía en general, es complicado, sino casi imposible, predecir casi nada con seguridad.
En fin, podemos decir que la caída del socialismo en la Unión Soviética y en la Europa del Este en su momento tomó a muchos desprevenidos, entre ellos a nosotros mismos los cubanos, o de lo contrario, nuestro país hubiera estado bastante mejor preparado para enfrentar la debacle en Europa.
De todas formas, y a despecho de lo dicho sobre lo pensado por los analistas acerca de la estabilidad del sistema soviético, sí hubo por lo menos un individuo que profetizó el inminente derrumbe del socialismo en la URSS, y también la posible desaparición de esa potencia; y de ese individuo y de su profecía se trata este corto texto, porque para colmo la hizo en los tiempos en que la economía soviética era como se ha dicho de las más prometedoras en este planeta y se manifestaba su disposición a superar en poco tiempo a la de EE.UU.
El profeta resultó ser el escritor y disidente soviético Andrey Alexéyevich Amalrik (1938-1980), y tuvo la osadía de publicar en 1970, momento en que la URSS estaba en pleno esplendor, un documento titulado ¿Sobrevivirá la Unión Soviética hasta 1984? En dicho documento es donde su autor predecía la eventual desintegración de su enorme país debido, entre otras cosas, a los desórdenes internos derivados de los crecientes antagonismos sociales y étnicos (muchos cubanos estudiantes en la URSS se dieron cuenta de los problemas étnicos y de racismo).
¿Es increíble realmente esta profecía?
En realidad no tanto para un residente de la Unión Soviética con poder de observación como suelen tenerlo los disidentes en todos lados (y por eso son disidentes), dado si se miraba bien desde dentro, una persona medianamente inteligente sin duda se hubiera percatado de los problemas no sólo por ser estos reales y existir la intolerancia entre nacionalidades, y los privilegios de algunas de ellas sobre las otras, los cuales venían existiendo en la URSS incluso desde los tiempos de Lenin y no se habían resuelto.
El país soviético también estaba presentando muchos otros males tratados tanto por Amalrik como por otros disidentes, sin que nadie pareciera hacerles demasiado caso ni preocuparse por buscar una solución, y se supone hasta Ernesto Guevara se dio cuenta de ellos cuando visitó algunos de los países socialistas en los años 60, y lo expresó en varias ocasiones, aun cuando esto no lo he comprobado plenamente.
En primer lugar se podría mencionar el creciente alcoholismo de la sociedad soviética (salía hasta en las películas), un síntoma de inadaptación de los ciudadanos, y de su también creciente alienación, cuando llega a las proporciones existentes allí.
En tanto, aun si era verdad que la industria soviética se desarrollaba, lo hacía con un ímpetu cada año menor (cosa normal en las condiciones del capitalismo, mas no en las condiciones del socialismo, en donde se supone no existen las crisis cíclicas), y si se miraba la agricultura se podía ver como prosperaba mucho menos a pesar de las enormes inversiones y de la mecanización. Por eso el país se veía obligado a comprar más y más trigo y otros productos en el mercado mundial (en la URSS había unos 22 millones de vacas lecheras en los años ochenta para producir la misma cantidad de leche que en EE.UU. se producía con sólo 10 millones de animales), sin disponer para ello de las fuentes de divisas necesarias, por un lado por el déficit de las exportaciones de tecnología hacia los países capitalistas desarrollados, en donde se consideraba a la soviética de inferior calidad, y por otro debido a sus crecientes costos militares de más del 15% del PIB, para colmo causa de la desviación de especialistas calificados de la producción de bienes de consumo. El estado de las cosas descrito obligaba a la Unión Soviética a vender en el mercado mundial cantidades crecientes de recursos naturales (petróleo, madera, y gas fundamentalmente), y no con vistas a obtener tecnología de punta para desarrollarse más rápido, sino nada más para mantener el un poco menos que precario nivel de vida de los soviéticos si se lo comparaba con la media existente en Europa Occidental y hasta con la norma de Europa del Este. En las condiciones de la Unión Soviética, con sus reservas de recursos naturales y su numeroso personal altamente calificado, era realmente complicado justificar un nivel de vida inferior si se lo comparaba con el existente en países supuestamente más pobres o atrasados, con lo cual crecía el descontento de la población del país.
Nota: En la URSS la emigración era difícil porque no estaba permitido hacerlo de una manera legal, y la simple idea era peligrosa para su portador, como lo ilustra el Artículo 58 de la Federación Rusa de la época; debido a eso mismo no existía una válvula de escape como en otras naciones, en donde los ciudadanos descontentos suelen irse a otro país en vez de provocar problemas internos.
Pero lo peor de todo era que los problemas no se resolvían, y se iban acumulando de año en año ante los ojos ciegos de los miembros del PCUS.
Por todo lo anterior lo que sí es algo increíble es que todavía en 1983, con una Unión Soviética sumida en un profundo estancamiento sin salida dada la incompetencia del PCUS para llevar adelante reformas, el profesor de la Universidad de Princeton, Stephen F. Cohen, continuara describiendo al sistema político-económico soviético como estable; o que aún en 1991, el sovietólogo norteamericano, Jerry Hough, escribiera que la creencia de que la URSS se fuera a desintegrar como un país, contradecía todo lo que sabemos sobre las revoluciones e integraciones nacionales alrededor del mundo; porque esas personas no eran de las comunes y corrientes, no eran simples ciudadanos, ellos tenían acceso a información y se suponía pudieran hacer mucho mejores presagios, tenían mejores condiciones para hacerlo que Amalrik siendo éste un mero ciudadanos soviético.
Las aseveraciones anteriores son una prueba de que en ciertos entornos no existen los expertos.
En lugar de escuchar a Andrey Alexéyevich Amalrik y a otros ciudadanos soviéticos no conformes con la precaria situación, el gobierno soviético lo encarceló repetidamente hasta que pudo obligarlo a abandonar su país en 1976.
Por último, el día 12 de noviembre de 1980, Andréi Amalrik, su esposa, y sus amigos Vladimir Borisov y Viktor Feinberg que también eran exiliados, murieron producto de un accidente de auto cuando se dirigían a Madrid.
Pero a pesar de todo, todavía se recuerda a este disidente soviético como el hombre que en su momento profetizó la caída de la URSS, cuando incluso la CIA parecía creer en la eterna estabilidad y durabilidad del sistema soviético; y es posible si se lo hubiera escuchado y se hubieran solucionado los problemas planteados en su documento cual debió hacerse, ese enorme y rico país todavía existiera, y no tuviéramos una guerra en Ucrania.
Me despido deseándoles lo mejor, y esperando que este contenido le resulte interesante a algunos; muchos de los datos presentados referidos a Andrey Alexéyevich Amalrik y su profecía pueden ser encontrados en Wikipedia.
¿Qué creen de esta historia?