EL ATOL
—Má… ya está listo el atol —gritó desde la cocina el travieso niño.
—Te dije que no revises la olla, deja las malas costumbres.
El muchacho se hizo el desentendido ante el mandato de su madre. Siguió probando el atol tratando de saciar su hambre, y al percibir que le faltaba azúcar, quiso agregarla por su cuenta. Lamentablemente se equivocó al elegir el frasco adecuado y terminó añadiendo un gran puñado de sal al alimento…
se dio cuenta del error antes de revolver el atol, como era tan goloso, no vació completa la cuchara en el alimento, dejó una generosa cantidad para vaciarla en su boca. Tommy al sentir la sal, sacó la lengua y montado en el banquito que ya tenía preparado para ayudar a mamá en la cocina, se la lavó con desesperación en el fregadero. Su mamá por suerte seguía distraída tendiendo la ropa en el patio. Como el atol había quedado bastante espeso la sal parecía una isla sobre la superficie. Tommy vio la aspiradora ¡Claro, perfecto, no quedaría ni un granito de sal en el atol y mamá no se daría cuenta!...
Prendió la aspiradora y la acercó con cuidado a la superficie del atol, al principio parecía funcionar, la aspiradora hizo que desapareciera la mayoría. Bruno, el perro de la familia, corrió hacia la aspiradora, le encantaba jugar con ella, y en el jaleo terminó parte del atol en el interior del aparato. Tommy no podía dejar eso así, era un buen niño a quien le gustaba no dar trabajo de más a su mamá. Abrió la aspiradora para ver a donde había ido a parar el atol. Bruno seguía jugando con las mangueras de la aspiradora y ahora la alfombra del salón de estar tenía atol ligado con tierra. ¡Tommy tenía que limpiar! su papá había traído un producto para limpiar alfombras nuevo. Buscó las instrucciones, había que colocar agua, algo del producto y batir para que se hiciera espuma. Tommy buscó la ponchera donde su mamá lavaba la ropita de su hermanita y la llenó de agua. Trató de echar el producto por los agujeritos que traía el recipiente, pero no salía, se vio obligado a sacar toda la tapa y entonces, sí, sí salió. Tomó la batidora de la cocina para hacer la espuma ¡que divertido!... la espuma crecía, crecía mucho… Bruno se había llenado las patas de atol y corriendo por la casa la había ensuciado toda. Tommy decidió que primero tenía que lavarle las patas a Bruno. Tommy tomó a Bruno por el cuello para acercarlo al agua jabonosa, se resbaló y ambos cayeron en la ponchera volteándola.
Mamá entró en ese momento, con la idea de servirle el atol a su pequeño niño…