Cualquiera estaría feliz en mi situación, casarme con una mujer mucho más joven que yo y encima poder disfrutar de una jubilación anticipada. Al viejo Artemio le urgía encontrar un esposo para su hija embarazada, pero aún así no podía dejar de pensar que algo andaba mal. Esa niña no era precisamente bella, pero por Dios, apenas tenía 19 años y yo ya estaba muy cerca de los 60. Además no podía dejar de pensar en mi exesposa, si bien me abandonó hace algunos años, no pasaba un día sin pensar en ella. Prácticamente todo me la recordaba, y ahora, sentado en una banca frente de la iglesia de San Felipe, seguía pensando en la que aún consideraba mi esposa...
Historia corta y fotografía