Javier miraba con impaciencia el reloj. 14 de febrero 9:30 de la noche y él todavía trabajando. Todos sabíamos que su esposa era fuerte de carácter y él para desahogarse nos contaba todas sus fechorías. Esa mañana se lo había sentenciado.
-No me importa cuánto cuesten las rosas, tú me vas a traer aunque sea una docena de esas. Rojas, que expresen el amor que me tienes. Oíste claro Javier-
Y todavía hacía la voz de su esposa. No me gusta mucho oír de las cosas personales de mis compañeros de trabajo, pero entiendo bastante bien la necesidad que tenía Javier de desahogarse.
Las 10 de la noche dieron y al fin nos dieron la salida. Para esta hora ya no había flores en ningún lado. Pero entonces a Javier se le ocurrió una idea.
-Diego Necesito que me golpees fuertemente pero solamente en la cara-
-Qué te pasa Javier, Estás loco?-
-No no es eso, eso lo que prefiero que tú me golpees a estar mal con mi esposa, verdad que sí Saulos?-
-No coma a mí no me metan en sus asuntos-
Quince minutos más tarde, Javier se retiraba con el rostro visiblemente golpeado. Como vivíamos por el mismo rumbo, accedí acompañarlo. Enseguida se fue donde las flores y empezó a recoger aquellas que ya estaban maltratadas y luego se fue con ellas a su casa.
Al siguiente día encontré Javier en la cafetería de la empresa. Su rostro se veía a un hinchado Pero de alguna manera feliz. No me dijo nada, tampoco quise preguntarle. Tan solo Puedo imaginarme lo que pasó.
Historia corta y pintura