Bertha, te he mirado llorando en la cafetería
y no he tenido el valor de preguntarte
si tu llanto ha sido por mi causa.
Se muy bien que nunca me quisiste decir la verdad
que encontraste consuelo en tus estudios
y sin embargo mas de una vez sentí que me mirabas.
Ahora que el llanto a acudido a tu hermoso rostro
me pregunto, una vez mas, si hice bien en renunciar a ti.
Tal vez debí ser mas insistente
o tal vez mas enfocado en los detalles.
No lo sé,
tan solo sé que tu tristeza me a colmado el alma de agonía.
Tan solo se que siento tu tristeza
y no puedo hacer nada por remediarlo,
por eso te he dejado una flor en tu escritorio.
Tal vez mañana te sientas un poco mejor querida amiga…