¡Hola, estimados lectores de la comunidad! Les comparto mi participación en la dinámica Continúa la historia... auspiciada por . La dinámica consiste en continuar el relato que
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¡Feliz lectura!
Fuente de la imagen: Pexels
La llamada telefónica comenzaba a subirse de tono. Los reclamos y los insultos eran cada vez más repetitivos. John trataba de calmar a su socio recordándole acuerdos y leyes, pero su socio, al otro lado del teléfono, solo insistía en tener su dinero de vuelta. John empezaba perder los estribos a pesar de su conocida paciencia, cuando unos fuertes golpes se oyeron en su puerta.
Intrigado, se levanta de su asiento y, despidiéndose de Harold, quien aún estaba reclamándole furioso la devolución de su inversión, dejó el auricular en la mesa y se acercó a la entrada.
"¿Quién es?", preguntó en voz alta.
No recibió respuesta. John nuevamente repitió la pregunta, obteniendo el mismo resultado. Pensando que quizás eran los hijos de su vecina gastándole una nueva broma, abrió la puerta de forma abrupta... Y la punta de una pistola posó sobre su frente.
John palideció al reconocer a su dueño.
"A-Anillero... ¡Qué alegría verte por aquí!"
"Cierra la puta boca", le cortó el tal Anillero mientras se invitaba a pasar al departamento de John. Cerrando la puerta tras de sí, el Anillero le indicó que se sentara en el sofá; John obedeció de inmediato, con el terror reflejado en sus ojos.
Sentándose en el sillón que estaba frente al sofá, el Anillero le dijo: "Vas a responderme a unas preguntas, y pobre de ti si me mientes".
"P-por supuesto, A-Anillero. Haré lo pueda. ¿En... En qué puedo ayudarte?"
"¿Dónde está St. Anger ahora?"
John le miró con nerviosismo. Había escuchado rumores sobre las matanzas que asolaban en esos momentos las calles de Dublín, provocadas por Angus Saint Anger, capo de la mafia que había dado la orden de matar a la hija de un fiscal inglés en venganza contra éste. St. Anger no sabía era que aquella inocente mujer era la esposa del Anillero, mucho menos se imaginó el río de sangre que iba a desatar con su muerte.
Bien pudo negarse a responder esa pregunta, pues no quería morir a manos de St. Anger, pero quién le interrogaba no era Juan de las Habichuelas. El Anillero era un hombre de sangre fría, comprometido con su trabajo y muy despiadado con sus enemigos. Su nombre era sinónimo de terror absoluto en los bajos mundos; todo aquél que se le enfrentaba moría de la forma más espeluznante posible. Lo peor de la situación era que St. Anger confiaba en que El Anillero muriera a manos de cualquiera de sus compinches, sin comprender que aquello sería lo último que pensaría una vez que se lo tope frente a frente.
"E-en estos momentos debe estar en uno de los dos lugares: En el prostíbulo Fiore o en el club Black Goat", contestó John.
"¿Estás seguro?"
"S-sí, Anillero. Esos son los lugares a los que él acude mucho los fines de semana. P-pero si quieres, puedo corroborarlo con Harold, el cantinero del club. Le debo dinero, así que puedo usar eso como enganche para sonsacarle la información".
El Anillero le hizo un gesto con la cabeza, indicándole que hiciera la llamada. John se levantó, cogió el teléfono y marcó el número. Tras un rato de convencerle de que le devolvería el dinero luego de preguntar por St. Anger, John se volvió hacia su visitante y le confirmó la información.
El asesino sacó de su bolsillo tres monedas de plata. John las tomó sin rechistar mientras que el Anillero le dijo: "Si yo fuera tú, me largaría de esta ciudad. Esta noche Dublín volará por los cielos".
